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viernes, 6 de junio de 2025

Felipe

 Tampoco me importa el mío
No sé si será el gris de estos días, las pocas horas luz que tenemos, la lluvia constante o la humedad que -ahora también hay en Ushuaia- mis articulaciones la padecen..
No sé, pero lo cierto es que no he tenido la energía necesaria para plantear el tema que tengo en mente hace varios días. 
Tema que, me parece, merece que reflexionemos juntos y luego cada quien, como siempre, sentará su opinión al respecto. Seguramente habrá coincidencias y disidencias.
Creo que no es un tema fácil de abordar. Se trata de la baja de natalidad a nivel mundial y, particularmente, en mi país.
Es abrupta la caída de nacimientos en menos de una década. Las causas, según los estudiosos, son diversas. 
Pero, ya dije, no he tenido la suficiente energía para trabajar en ello, buscar variada información y realizar un resumen, además de dar mi opinión personal.
Entonces, la propuesta es que pasemos un rato divertido, sin pensar en nada "serio". Y,  habida cuenta de que reflexionar sobre si tener hijis o no se trataba mi idea original, cambio a compartir chistes sobre las infancias.
¡Ojalá les agrade! 

 
Papá papa, ¿Qué se siente al tener un hijo tan guapo?
¡No sé hijo! Pregúntale a tu abuelo!

Un señor llega al doctor con su bebé en brazos. 
-Doctor, doctor, mi hijo tiene 6 meses y no abre los ojos. 
El doctor le hace un chequeo al bebe y le dice al padre
- Señor, el que debe abrir los ojos es usted: este bebe es chino.

Habían dos bebés recién nacidos en el hospital y uno le pregunta al otro
-¿Vos sos nene a nena?
El bebé levanta la sábana, se mira y le contesta
- Soy nene
El otro bebé admirado le pregunta 
-¿Y cómo sabes?
y el bebé responde 
-¡Porque tengo escarpines celestes!
 
Gracias por el aguante.
Hasta el viernes que viene o hasta cuando gusten volver.
  Lu
Esa Musiquita en el recuerdo
NOTA: Créase o no...no es un tema nuevo...¡Es de 1970! ¡Increíble!
                                      Acá no zafás:
   (por eso me hice “bloguera”, para publicarme...entrega Nº596 de la                                                                                suelta de mis letritas)
Felipe  

Felipe era un nene con serios conflictos familiares.
Entre otros problemas, tenía el de comer compulsivamente lo que lo llevaba a estar con un sobrepeso importante, casi en el límite con la obesidad.
A sus 4 años estaba tan gordo que, se me ocurre ahora, debería pesar lo mismo que pesarían dos niños juntos de su misma edad.
A pesar de eso, ningún niño ni niña del jardín se refería a él como “El gordo” término que, seguramente, usaron en más de una oportunidad adultos y adultas.
Y recuerdo siempre una mañana, ya por el mes de septiembre y superada que fue la situación de golpear a sus compañeros, salimos del jardín a pasear aprovechando la bella mañana con aires de primavera.
Ya de regreso de nuestro último punto de paseo matinal, que fue el bar del hotel “Las lengas” al que fuimos a tomar una gaseosa, Felipe se mostraba muy enojado, vociferaba, me empujaba y repetía sin cesar
-¿por qué no me compraste un “sangúche”?
Justo entonces pasamos por la Comisaría de investigaciones, que quedaba –y queda- a menos de 50 metros del hotel y un policía, al ver la situación, no tuvo mejor idea que intervenir desde la ventana por la cual estaba mirando, se asomó y dijo:
-Gordito ¿por qué tratás así a tu maestra?
Y Felipe, haciendo montoncito con sus dedos, se plantó, lo miró desafiante y le dijo
-¡Gordito y la concha de tu madre!
El policía se sorprendió tanto que no logró articular palabra, mientras niños y niñas decían
- ¡Seño dijo malas palabras!
Entonces les dije, palabra más palabra menos,
-Felipe, se llama Felipe y no Gordito, el policía en todo caso, al no saber su nombre, podría haberlo llamado “nene”.
Dije también que no estaba bien lo que había respondido Felipe, pero que él se había enojado tanto porque le dijeron "gordito" y desvié el tema hacia ese lado: el de los apodos precisamente y contándonos sobre ellos seguimos nuestro camino de regreso.
¿Y Felipe? Se “pegó” a mí, me dio la mano y así, muy juntitos seguimos caminado.

Es en este punto, que debo confesar que a mí me dio mucha risa la situación, ensayé una disculpa con el policía al que, obviamente, le aclaré “Se llama Felipe", no "Gordito" y que, en todo caso, podría haberle dicho "nene" al no saber su nombre.