viernes, 19 de agosto de 2022

El Cachito

Tampoco me importa el mío 
Para dar un cierre al tema de la infancia, por ahora, hoy voy a compartir unas fotos de la mía que encontré la semana pasada cuando buscaba los juguetes que quería mostrarles.
Pero, para que no se aburran, les propongo un juego.
Son 3  fotos. A saber: 
Una de mi primera comunión, otra de algún tiempo en que me mandaban a "danza clásica"  y una del cumpleaños de una prima.
Obviamente en las dos primeras hay muchas niñas y en la tercera no solo niñas sino también niños.
Entonces...
Les daré dos pistas y luego ustedes deberán adivinar, si tienen ganas de hacerlo obvio, en donde me encuentro yo. 
Sería algo así como aquel juego de "¿Dónde está Wally?" pero mucho más fácil por cierto.
Veamos las pistas:
                                      
A agudizar la vista, acá las fotos en cuestión:


¡Me rio sola! ¿Se me estarán corriendo los patitos de la fila o será que el juego que hoy propongo es verdaderamente chistoso?
En fin amigas y amigos. ¡Es lo que hay!
Ya me dirán ustedes que les ha parecido, si pudieron o no encontrarme, si volvieron a activarse sus recuerdos o lo que tengan ganas de aportar.
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
Lu
Esa Musiquita
NOTA: María Elena Walsh, una vez más. En esta ocasión "Canción del jardinero"
Les pido por favor que presten mucha atención a la letra y ya verán de qué manera tan poética y sutil dice grandes verdades...¡No solo para niños y niñas! 
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº451 de la suelta de mis letritas)
NOTA: Una vez más elijo este relato breve para compartir.  Por suerte, la mayoría de mis visitantes actuales no pasaban aun por esta casa de letras las veces anteriores que lo he publicado.
Quiero decir que es una historia real que, obvio, la conté lo más "literariamente" que pude pero el final es así de cierto. Me lo contó mi tía "Felisita" que por aquellos años era la directora de esa escuela.
El Cachito
Lo recuerdo ahora como si lo hubiera vivido. Viene nítido a mí, el relato que escuché tantas veces en mi infancia correntina.
Imagino la escuela, alejada del casco urbano. 
Imagino niños y niñas de miradas tristes, pieles agrietadas por el sol y el trabajo, sonrisas sin dientes y juegos en los recreos, como única alternativa de niñez.
Imagino también a las maestras, mirándolos condescendientes, sintiéndose cerquita de Dios por ser tan comprensivas y generosas con esas criaturas "pobres", que lejos estaban de ser de la misma casta que ellas. 
Imagino aquella mañanita soleada en que “importantísimas personas del pueblo”, hombres y mujeres de bien socios y socias del Club de Leones, concurrieron con su manto de piedad y un helado palito para cada infante. Ese fue el mejor regalo en el que pudieron pensar, a modo de celebración del "día del niño", allá por agosto del ’66.
Luego, lo de siempre: chocolate con “caras sucias” y caras sucias. 
Globos, juegos y canciones acompañadas por la guitarra desafinada de la maestra de música, que tenía un sueldo de miseria pero, por suerte, un marido estanciero.
Risas, gritos, peleas, empujones y al fin, al menos por esa mañana, niños y niñas disfrutando de la infancia como pocas veces podían hacerlo.
Finalmente, y como todo lo bueno, se terminaba la feliz jornada.
Finalmente, como cada día, se aprestaban a volver a sus ranchos para dormir la siesta , apretados en un camastro, entre la pared de adobe y sus hermanos. 
Y fue justo con el sonar de la campana anunciando la salida escolar cuando solito en medio del aula, “el Cachito” seguía estático, incrédulo, revisando una y otra vez su viejo portafolio heredado de algún alma caritativa.
Se acercó a él, solícita, la señorita Directora que como correspondía a aquellos tiempos y a esa sociedad norteña, se llamaba Felisita.
Se acercó para decirle si estaba sordo y por eso no había escuchado la campana, que ya debería estar en la fila tomando distancia para despedir a las maestras y compañeros. 
Se acercó más y sólo entonces se dio cuenta de que Cachito lloraba, con lágrimas silenciosas, miraba incrédulo sus dedos pegoteados de chocolate y desesperado buscaba el helado palito que había guardado en su portafolio, con el más puro amor de todos los tiempos, para llevárselo a su mamá.

viernes, 12 de agosto de 2022

¿Muñeca?

Tampoco me importa el mío 
Quiero que sepan que estoy casi sin dormir pero no porque estuve de fiesta, lo cual hubiera sido ¡estupendo!, sino porque padecí insomnio por más de cuatro horas y cuando logré dormirme apenas una hora más tarde sonó la odiosa alarma. Debía levantarme pues, justo luego de tan enorme insomnio, comenzaba mis sesiones de kinesiología y no podía faltar.
Dicho esto, espero sepan disimular incongruencias, construcciones gramaticales desacertadas, la falta de mi habitual fluidez al conversar con ustedes y cualquier otro inconveniente que adviertan en esta edición.
Pero, en medio de tanto tener los ojos como el dos de oro, recordé algunos juegos de infancia y mis juguetes de esa época..
Fue entonces cuando dije ¡Eureka! y supe lo que compartiría en esta entrada.
Recordé el "Antón Pirulero"
cada cual cada cual atiende su juego y el que no el que no una prenda tendrá... Imagino que ustedes la estarán tarareando ya que aun no sé como musicalizar lo que escribo.
También el ""Martín pescador ¿me deja pasar? Pasará pasará pero el último quedará".
O "La farolera tropezó y en la calle se cayó.."
Y ya en la segunda infancia, saltar el elástico, la rayuela,  el juego de la estatua, escondidas y el juego de la mancha, tan solo por mencionar algunos.
¿Y los juguetes? Los clásicos de aquellos años en los que había "juguetes de nenas" y "juguetes de nenes" 
La idea no es abrir un debate sobre esto pues hay en ello mucha tela para cortar. 
Sepan que a mi me alegra y mucho que eso de "juguetes según género" haya cambiado así como lamento que esos juegos tradicionales se estén perdiendo. Pero, insisto, no pretendo abrir un debate sino simplemente que recordemos y atesoremos lo que hemos vivido en nuestras respectivas infancias.
Antes de irme por las ramas, voy a compartir los pocos juguetes de mi niñez que aun conservo y con los que jugó también hiji con excepción de mi muñequita de yeso,  fue la primera que tuve, que se rompería fácilmente. (Ya saben, clic en las imágenes para verlas más grandes)
A ver, Mujeres de mi generación, pocos años más o menos, ¿Quién de ustedes tuvo una "blonda" muñeca vestida de novia, o un "Bebé Piel Rose"? ¿Y la negrita de yeso vestida con pollera y pañuelo rojo con lunares, una impecable blusa blanca y aros de argolla dorados? Obvio, no le faltaba el delantal para "las tareas domésticas"...
Cierto es que mi hija usaba ese jueguito de dormitorio pero ella ¡Acostaba allí a las Barbies con los Ken!  😂😂
Ya me contarán, si les place, a qué jugaban en vuestras infancias. Si aun conservan algún juguete, qué es lo que más les gustaba o lo que quieran contar.
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
   Lu
Esa Musiquita
NOTA: Para seguir con la infancia nada mejor que recordar a María Elena Walsh, quien supo escribir canciones para que los niños y las niñas puedan convertirse en adultos/adultas pensantes.
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº450 de la suelta de mis letritas)
NOTA: Para seguir con los tópicos este relato que recordé, durante mi insomnio también, y que estimo que lo habré escrito hace unos 26 o 27 años. 
¿Muñeca?

Allí estás y no te toco. Nadie te toca, ni siquiera mi hija, que con sus 7 añitos ya casi ni te mira, ya casi ni te quiere, y mirá que pasaron años de…” ¿Me petás mami?”
Y, ¡ mirá que repetí una y mil veces la misma historia! …”No, porque se rompe”…
Allí seguís estando. ¿Será que no te presto porque no presto ni toco mis recuerdos?
¿O será tal vez que al ser el único lazo tangible entre mi pasado y mi presente, temo que te desarmes y se pierdan junto a vos, en mil partículas, mi identidad, mi SER COMO YO, mi historia?...
Es que, sin duda, que seas irreemplazable y única me convierte en una dama temerosa y egoísta, lo cual no es para que me felicites, pero… ¿que podemos hacer para evitarlo? …
No lo sé, pero sí sé que el mirarte, paraliza mis movimientos, aquieta mi mirada, acelera mi respiración.
Y vos, sin inmutarte siquiera, así como si nada ocurriera…tan frágil y tan fuerte, tan cercana y tan distante.
Marcando una época, desafiante, altanera casi, recordándome que el tiempo inexorable, invisible, con sus huellas y su paso transcurre, y yo sólo soy una pasajera del mismo, sin estación final definida ni boleto VIP que me ampare.
Claro que vos ya no tenés tu antiguo esplendor, ni tus ropas a lunares… o tus aros. Los que solo vuelven a mí cuando, ¿recuerdo?... ¿sueño…¿imagino? mis primeros pasos, una tacita de leche tibia o algún caramelo para calmar mi llanto.
Entiendo ahora que si bien ya no sos como entonces, seguís siendo esencialmente única en mis sentimientos.


Comprendo al fin que ya nada es igual a pesar de que ella sigue intacta desafiando al futuro.
Sobrevivió a mi niñez, mi adolescencia, mis miles de mudanzas, hasta que encontré “mi lugar adonde volver”, bajo este cielo, que me cuenta cotidianamente que el horizonte está en el interior de uno mismo, estas montañas que me anuncian que la vida tiene varias laderas, y la sabiduría es sencillamente sortear los obstáculos para poder encontrar la menos escarpada y esta Bahía que mira al poniente y me ancló con su magia para siempre.
Sobrevivió, decía, a mi primer amor y también al último, a los primeros pasos y balbuceos de mi niña, a sus deditos exploradores y ahora que se humedecen mis mejillas con estos pedacitos de lágrima, deseo que también a mi me sobreviva, para que una tardecita cualquiera en otro otoño Ushuaiense, mi hija cuente una historia parecida a esta, a sus hijos, y porque no, a sus nietos, para que puedan sentir así su historia y fortalecer sus raíces, al ver esta extraña, rígida y negra muñeca de yeso.

viernes, 5 de agosto de 2022

Para Hiji

 Tampoco me importa el mío 
Hoy sale última entrega de fotos de mis vacaciones de junio.
Un día antes de regresar a mi casa fui con mi amiga Silvia a conocer un par de librerías con bares, a caminar las callecitas de Villa Crespo y Palermo, a conocer un mural de gatos que desde que supe de su existencia quería ir a verlo, a almorzar en un resto/bar con un patio asombroso y, de camino, descubrí un mural homenaje a un tipazo que admiré siempre mucho y que he conocido personalmente en ocasión que visitó Ushuaia: Juan Alberto Badía, que ha sido locutor y conductor de programas de TV.
Lamentablemente falleció, cuando aun tenía mucho para dar, por un maldito cáncer.
Pero... ¡qué raro yo yéndome por las ramas!
Mejor vamos a pasear ¿vale?
Nos encontramos en Librería del Pasaje, (imposible no comprar un par de libros...¡ya que estaba!)  😊 Almorzamos en el patio de Malvón. 
Caminamos hacia el mural de los gatos, disfrutando de las callecitas de Bs As que "tienen ese que se yo", y nos encontramos con el mural "Homenaje a Badía"

Promediando la tarde fuimos a otra maravillosa librería "Eterna Cadencia" Es una típica casona antigua del barrio de Palermo, y allí -como en la primera que fuimos-  podés tanto leer un libro como tomar un trago o un café acompañado con algo rico rico.
Y, como "todo tiene un final, todo termina", así se terminaron mis vacaciones que habían comenzado varios días antes en Rosario, luego Rosario del Tala y luego CABA. 
Espero que hayan disfrutado del muestreo que hice de cada lugar. 
Yo disfruté enormemente, ya dije, no solo de cada uno de esos sitios sino también de la maravillosa compañía de amigos, amigas y parientes.
Imposible contarles la felicidad de haber compartido una noche de pizzas con dos amigos y dos amigas del cole secundario que fueron hasta Villa Crespo -el barrio donde vive mi amiga Yanina que fue mi anfitriona durante cinco días- tan solo para encontrarse conmigo.
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
                       Lu
Esa Musiquita
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº449 de la suelta de mis letritas)
NOTA: Este poema lo escribí cuando mi hija, adolescente,  se fue a estudiar a Bs As. 
Intenté versionarlo en esta ocasión, luego de tantos años, pero no lo he logrado. Entonces...¡Sale versión original! Pero creo que bien podría titularlo hoy "Poema inconcluso"...
Para Hiji
Te crecí
con agua y leche
digna,
dignidad de pobre
-rica dignidad-
Te crecí…
sin penarte ni pensarte
extraviadabandonada
Presagiando tu futuro
niña buena
te crecí
amanecida
sola y plena
para que descubrieras la vida
y cantaras en ella
sones de amor y de amistad
de paz, 
de empatía y solidaridad.

Te crecí
a ritmo de duendes
habitantes del bosque
y de nuestra casa
plena
de historias amanecidas
con la luna nueva

Insular naciste
insular creciste
generosa y apacible.
La Tierra de los Fuegos
te vio partir
atraída por las luces, 
las marquesinas, la militancia
y tu ser adolescente
intentando la vida nueva
niña doliente.

Auspicia tu búsqueda por más
-y esperará tu regreso-
vestida de
rojo/ocre, 
nívea, floreciente
tierra/futuro
tierra/progreso
Onaisín* generosa
corazón de lenga
calafates, notros
ñires y michay...

*Onaisín: "Tierra de Onas" en idioma yagán

viernes, 29 de julio de 2022

Gracias a Botero

Tampoco me importa el mío 
Mientras busco fotos y pienso qué parte de mi recorrido porteño podría compartir en esta edición, reafirmo que ese viaje de junio fue verdaderamente intenso.
Pensaba que en esta ocasión podía finalizar con estos paseos y me doy cuenta de que no. Que aun quedan otros sitios, otros barrios de CABA que no quiero dejar de mostrarles.
Pero...vamos por partes y vemos hasta donde llegamos.
En principio, vamos al interesante e inmenso Mercado de Pulgas. Este sitio no lo tenía en agenda y fue a propuesta de mi amiga Yani, así que ¡alla fuimos! 
Nunca había estado y fue una experiencia maravillosa recorrerlo, sus pasillos, sus objetos antiguos mezclados en algunos puestos con otros modernos, objetos de decoración, un poco cambalache, un poco bizarro, un poco desordenado, un poco bohemio...¡fascinante!
¿Vamos?

Espero que esta muestra pueda darles al menos una idea de qué se trata este Mercado de Pulgas. 
Todo su exterior está cubierto por murales. Por una cuestión de espacio y tiempo compartiré solo 3 de las imágenes que he tomado.
Imperdible también el paseo en el tranvía histórico. La asociación Amigos del Tranvía es quien lleva adelante este recorrido en el barrio de Caballito. Parte desde Emilio Mitre y José Bonifacio, en un recorrido de 20 minutos de duración. El servicio es gratuito y por orden de llegada. Los fines de semana cada 20 minutos parte un vagón de los antiguos tranvías. Te dan un boleto "a la vieja usanza" lo cual me encantó pero...¡No me tocó capicúa!

Los tranvías en Buenos Aires circularon hasta 1963 y este recorrido histórico pretende un paseo nostálgico, para quienes lo han vivido, y darlo a conocer a quienes no han tenido esa suerte.
Como ya lo dije ¡Imperdible! ¿No les parece?
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
   Lu
Esa Musiquita
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº448 de la suelta de mis letritas)
Gracias a Botero
Siempre estaba flaca, prolija, arreglada. Era divertida, carismática, contestataria…Siempre encontraba la palabra justa y hablaba con una seguridad envidiable. 
Su inteligencia práctica la ayudaba a tener una respuesta a flor de labio para cualquier circunstancia. Era la compañera ideal para armar peñas, fiestas, juntadas de amigos y amigas. 
No sabía bailar. De todas maneras, si había que bailar… ¡bailaba! Nunca le importó el “que dirán”
Era la que escribía las palabras de despedida en las fiestas escolares, cartas de cumpleaños, reclamos estudiantiles y mucho más. ¡Adoraba leer y escribir! 
De entre sus amigos y amigas, particularmente dos (uno y una) le prestaban libros y con ellos hablaba de arte, de cine, de cultura general. 
Eran tiempos difíciles para ser adolescente…Había secretos socialmente compartidos, cosas de las que no se hablaba, se era “bueno” o se era “malo” 
Si alguien pensaba diferente, sentía diferente, se apartaba del camino trazado, era mirado con desconfianza.…
Ser comunista, por ejemplo, era malo. Ser gay era malo y ella, por supuesto, tenía algún amigo gay.
También era amiga de todos los varones, tan amiga que sabía de qué chicas gustaban y fue así que más de una vez jugó eficazmente su rol de “Celestina”.
Tanto que todas sus amigas se iban casando y ella, flaca, divertida, carismática, asistía a las bodas, recibía ramos,  anillos de las tortas, se enamoraba...
Sin embargo
¡los muchachos más de ser amigos no pasaban! 
Es más, le seguían contando de sus conquistas, sus experiencias sexuales. Ella siempre sonreía y todos la creían “una chica de avanzada”.
Y así, entre penas de amor y otros sinsabores, los almanaques se iban quemando.
Asistió a los bautismos de los hijos e hijas de los matrimonios amigos, luego asistió a los 15 de las chicas...
Sus historias de amor, seguían siendo fugaces e inversamente proporcionales al tiempo que ella necesitaba para “desenamorarse”.
Empezaba a engordar un par de kilos. Entonces hacía la “dieta de la luna” y se volvía a acomodar. Seguía siendo tan flaca, tan dicharachera, tan...solitaria. Su mirada triste la delataba pero… ¡nadie lo percibía!
A veces pensaba que su personalidad era extraña, que ella misma era como dos mujeres. La que lloraba por las noches, a solas con su almohada, y la otra: la popular, la que acudía a los llamados de amigas que empezaban a separarse, la que sonreía y contaba chistes, la que seguía teniendo la palabra precisa en el momento preciso.
Sus historias de amor… ¡a cual peor!  
Las primeras arrugas en la piel eran como un fiel reflejo de las arrugas de su corazón.
Se cansó un día de estar flaca, de no llorar, de tener la palabra precisa…
Se cansó de que los hombres le dijeran que mujer como ella… ¡ninguna! Y darse cuenta de que siempre se quedaban con “esa o aquella ninguna”.
Se cansó de que algunas mujeres que lloraron sobre su hombro, fueran por el segundo o tercer marido.
Se cansó y se encerró en su refugio-casa-bunker. Empezó a comer, a engordar, a ver novelas lacrimógenas y sin sentido. Empezó a disfrutar de ese sinsentido  y dejó de esperar que el teléfono sonara. Una vez por semana pasaba por el supermercado y llenaba el chango de calorías.
Engordó  tanto que tuvo que salir a comprarse ropa tres talles más del que usó en los últimos 10 años. 
Fue por ese entonces cuando, una tardecita de primavera, tuvo un impulso olvidado, arrugado. Lo sacó de algún rincón de los recuerdos, de alguna foto antigua...o quizás de algún sueño alado. Se pintó un poco a la vieja usanza –labios, rubor  y delineador- se puso su mejor vestido y salió.
Entró a una tienda de “talles especiales para señoras” y cuando salió del probador con una camisola colorida y fresca y un pantalón negro un señor, flaco y sin panza, de años indefinidos y sonrisa pícara le dijo.
- ¡Guau! ¡Que linda! ¿Sabés como podría comunicarme con Botero? Debo avisarle que acabo de encontrar la imagen de alguno de sus cuadros. Me gustan sus gordas, sensuales, atrevidas, eróticas, carismáticas…
Y a ella se le iluminó la cara y, recuperando sus respuestas a flor de labio, respondió al “caballero andante”:
 - Mejor sería que no le avises … no quiero volver a enmarcarme…

viernes, 22 de julio de 2022

Enemigos íntimos

Tampoco me importa el mío 
Los invito a recorrer, un poco, las "callecitas de Buenos Aires" y algunos de sus bares en barrios muy clásicos que necesariamente deben conocer los y las turistas que visitan "la Gran Ciudad" 
¿Vamos? Arrancamos por San Telmo.
Es uno de los barrios más antiguos y tradicionales, parte del Casco histórico, en él pueden encontrar tanguerías, bares típicos, artistas callejeros, mercado de pulgas en plaza Dorrego, anticuarios, el inmenso y bello Parque Lezama, murales por doquier y respirar-  mientras caminan sus callecitas- un auténtico aire bohemio.
Atis Bar es uno de los sitios que agendé para conocer, en mi viaje de junio, así que ¡allá fui! con la siempre grata y divertida compañía de mi amiga Yanina. Si bien este bar no tiene aun dos años desde que fue inaugurado, el antiguo caserón data de 1890 habiendo funcionado allí un convento jesuita.

Convengamos que el invierno no es la mejor estación para apreciar este sitio, pero confío en la imaginación de quienes están haciendo el recorrido para verlo cubierto por la "enamorada de los muros" totalmente verde, o con colores de otoño ¡Soñado! 
Vale decir también que ni una foto puede mostrar la majestuosa belleza de este lugar. Cada rincón del mismo es realmente único.
Y antes de irnos de San Telmo los invito a ver  "El solar de French".
Es un paseo de compras en la actualidad, preservándose el aire neocolonial habida cuenta que la construcción original data del 1762 y es un sitio histórico.

Como no quiero aburrir ni cansar, creo que para esta edición es suficiente. En un próxima iremos de recorrida por otro barrio porteño.
Es que, felizmente, si bien  fueron pocos mis días en CABA fueron muy intensos y siempre con la inmejorable compañía de amigos y amigas.
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
  Lu
Esa Musiquita
NOTA: No elegí este vídeo por "la musiquita" -que no está nada mal pues es un tangazo argentino: "El choclo"-sino porque van a poder tener un panorama mucho más interesante del barrio de San Telmo que lo que hayan podido apreciar en mis fotos. Tómense 5 minutos de relax y disfrútenlo. Vale la pena...
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº448 de la suelta de mis letritas)
 Enemigos íntimos
En los juegos, pisa pisuela, saltar la soga, elástico o rayuela, generalmente por culpa de ellos, perdía un turno.
¡Y ni hablar si se trataba de escondidas, o mancha venenosa, o cualquier otro juego donde tuviéramos que correr para “salvarnos”!
Siempre hacían lo que querían. Mis intentos  para “componerlos” siempre fueron vanos.
Mis esfuerzos no lograban buenos resultados y nunca supe bien cual era mi falla, porque yo siempre aplicaba los consejos que mamá me daba al respecto.
¿Cómo olvidar esa tardecita correntina en la  que yo andaba, creo, por los 11 años? 
Fiesta de cumple de Sergio, el más lindo del grado.  Nosotras, todas, esmerándonos para ser las más lindas, las más simpáticas o las más originales…O lo que fuera que nos destacara individualmente porque, como grupo de “amigas en las buenas y en las malas”, éramos las mejores del cole.
Yo, que hasta hoy no sé bailar ningún ritmo, estuve ensayando una semana completa el “pata pata”, baile que en ese momento era lo más “chic” y moderno. Y juro que había logrado el mejor ritmo y la más simpática "coreo" del mismo, como si fuera la más brillante de las bailarinas.
Y allá estaba, lo recuerdo, las chicas coreándome felices, los varones… ¡deslumbrados creo! Y yo disfrutando mi minuto de gloria hasta que, en menos de un segundo, no sé como, aparecieron ellos, triunfales, me enredaron en el elástico del  complemento que usábamos para este baile y fui a dar de narices al piso. 
En todo caso, no fue eso lo que me avergonzó hasta las lágrimas…Siempre me caía, una vez más no me hubiera importado.
Pero…
Esta vez al caerme mi falda plisada, de grandes cuadros azules y verde esmeralda, quedó planchadita sobre mi espalda dejando al aire y a la vista de toda la concurrencia mi nueva bombacha blanca y mi vergüenza…
¡Once años tenía! ¡En aquella época! Y en una sociedad norteña, como la correntina. 
Entonces
odié a ese par como nunca ese día…y tantos otros, porque siguieron junto a mi en el colegio secundario…molestándome en los partidos de vóley, en las escalinatas de la entrada…en los picnics del estudiante…
Los odié hasta que finalmente, un día no sé cuándo ni cómo, puede liberarme.
Tal vez fue con la aparición del velcro, de los elásticos anchos, de tantos nuevos modelos de zapatillas…Por lo que haya sido…
¡Al fin pude dejarlos de lado malditos cordones!