viernes, 7 de abril de 2017

Nosotros (Pasajeros del tiempo) IV

Tampoco me importa el mío
Esta entrada ha quedado programada antes de mi partida.
Quiero decir con esto que, ahora mismo, mientras me estás leyendo yo debería andar en mi segundo día de la Ruta portuguesa del Camino de Santiago.
Al menos eso es lo esperable...
La verdad es que he decidido dejar esta entrada programada porque sé que hay varios visitantes de esta página, mi casa de letritas, que se han entusiasmado verdaderamente con mi relato. Entonces, como para ofrecerles un capítulo más, aún con mi dificultad para anticipar, la he escrito antes de partir rumbo a España.
Al mismo tiempo quiero contarles que aún faltan tres capítulos y pedirles disculpas por la interrupción del relato durante los próximos dos viernes.
Regresaré, si el Universo sigue acompañando mis decisiones, el viernes 28
Tendré mucho para contar entonces...
Ojalá aguarden mi regreso para saber como continúa la aventura de la pasajera del tren del tiempo, y como me ha ido en este viaje tan lleno de nuevas expectativas.
Gracias por el aguante y por pasar por aquí. Espero opiniones, críticas y halagos también ¿Vale? ¡Hasta el viernes 28! Buena vida.
 Lu
Frases: Antoine de Saint-Exupéry II
La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio.” 

Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones

La pura lógica es la ruina del espíritu” 

Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan.” 

A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas? Pero en cambio preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre? Solamente con estos detalles creen conocerle” 

El pato es feliz en su sucio charco porque no conoce el mar.” 
Acá no zafás: 
(por eso  me hice “bloggera”, para publicarme... ¡así que leé la entrega Nº 234 de la suelta de mis letritas)
Nosotros (pasajeros del tiempo) IV
IV
Borrosas estas imágenes vienen a mí ahora. Veo tu sonrisa, tu piel morena; tus canas; te veo... ¡Allí estás! Del otro lado del vidrio, en medio del tumulto, sonriente, saludando y corriendo hacia los escalones y la amplia puerta luminosa de mi vagón. Ya no sé si bajaron o no mis amigas, si me pesa o no la mochila, si estoy temblando o aún se deja sentir el quetren quetren, si son lágrimas resbalando por mis mejillas o solo sudor nomás…
Aquí estás ahora, a mi lado, abrazándome, murmurando no sé qué cosas con ese acento españolísimo, pidiéndome la mochi y yo diciendo que está muy pesada, que tal vez ya no tengas tanta fuerza, y vos diciendo _… pues mira que estás igual, igual a siempre, igual a entonces…
Ya estamos ambos -y la mochila, claro - en el andén. Veo de soslayo a mis amigas que se quedaron allí paradas, tan sólo para vernos, y otra vez las palabras empujándose en mi boca y mis manos gesticulando más que siempre, lo cual es demasiado. Me acerco a ellas con vos colgado de mi mano, cumplo con el ritual de las presentaciones, saludo una vez más, y partimos.
Podría agregar: sin rumbo…a caminar descalzos sobre la arena…a ver gaviotas cual noches blancas disfrazadas de mamadera…sin tiempo…sin presentes familiares…sin miedos…sin años…etéreos.
¡Querría agregar tantas cosas! Pero no. No puedo, porque en ese instante fugaz en que pasé el molinete del metro, quedando yo de un lado, y vos del otro comprando un boleto que no anticipaste, mirándome con esa mirada extraña, como si no entendieras mis bobadas de siempre. Como si no entendieras esas palabritas que, divertida, soltaba yo al viento de pura felicidad nomás. Como si no supieras con quien estabas…En ese instante, decía, te sentí extraño, y fue en ese instante; cuando supe que “...Nosotros, lo de entonces, ya no éramos los mismos…” (A pesar de ello, ese olor a mar y la alegría de saberte allí, en ese andén del otro lado del mundo, mientras esperábamos el metro, echaron a volar mis recuerdos, llevando a mi memoria aquello que escribiste para mi hace nada…es decir, hacen apenas unos tres años: “…Hola Lucerito, me temo que empezamos mal si ya me acusas de no querer saber de nosotros. Mejor harías en abrazarme virtualmente y esperar a saber alguna cosa... por ejemplo si me resultaba fácil hablar por teléfono, si me costó encontrar a alguien... si tantísimas cosas...”
El anuncio con voz metálica, el sonido del tren arribando y tu mano tirando de la mía, me recuerdan por un instante otro verano, otro andén y nosotros los de entonces, en la porteñísima estación Callao.
Pero partimos ahora de este andén y en este presente,  y no puedo creer que ante la emoción ni tan virtual de nuestro reencuentro, luego de 13 silenciosos años y tantos más de no vernos las caras, de tratar de distraer la incertidumbre para calmar la ansiedad de querer saber si aún éramos como nosotros, de querer saber si recordabas a las gaviotas como la noche blanca disfrazada de mamadera, si aún caminabas descalzo por aquellos campos de amapolas, si seguiríamos siendo como nosotros…¡ Si tantas cosas! y lo peor…esa loca idea mía de que podrías haberte desarmado en mil partículas y que en noches desveladas y colillas retorcidas en medio de tanto humo me llevaron a escribir mi angustia y decir entonces:
“… justamente porque no cabe en mi cabeza que puedas olvidarme ni por un silencioso segundo, es que creí que tu cerebro había estallado en mil pedazos y ya no podías pasar por ningún campo de amapolas dejando las huellas de tus pies descalzos. Creí que ya no estabas materialmente en este Planeta…Imaginé mil formas de otra vida posible en la cual encontrarte…Imaginé de qué modo habías dejado de ser Ser…”
No puedo creer, decía, qué luego de tanto amor infinito, de amor AMOR, atemporal, increíblemente sensual, tanto sentimiento uniéndonos más allá de cualquier circunstancia, y saber que sólo nosotros éramos como nosotros; ahora estemos aquí parados separados apenas por un milímetro de distancia, en este metro, con tu aliento posado sobre mis boca, pero… ¡A KILÓMENTROS Y ABISMOS DE DISTANCIA EMOTIVA!
Entonces, mientras me hablas pausadamente, buscando esas palabras que no te salen, intentando narrar una situación familiar que están atravesando con_…la niña, pues, que tiene problemas en la escuela, pero fíjate tú, ahora se dan cuenta que no puede leer de corrido…Y sabes, qué quieres, con estos tíos que tienen como lengua oficial el catalán…es que ahora mi mujé va a buscar un abogado. Y bla bla bla.
Te miro… ¡tan cerca! Te siento… ¡tan lejos! Sigo sin poder creer lo que está pasando justo en este instante y quisiera dar marcha atrás al tiempo, volver al tren, alejarme del olor a mar…pasar Tarragona… Reus… ver los olivares...a mis amigas y a Leo…los sistemas de riego...a las Gallegas vestidas de negro…los hórreos…las casas de tejas negras desteñidas por el tiempo…soñar en ese tren que aceleradamente quetrenquetrenquetren me llevaba hacia vos…soñar que esto no está pasando y llegar finalmente a DONOSTIA, andén tres, tomar el tren equivocado –historia que omití, pero que en este acontecer de mi relato podré sacar a la luz – y en esta ocasión no bajarme; dejar que me lleve hacia donde el azar de la vida me depare un encuentro con “vos aquel que fuiste”. No importa en que dimensión podamos encontrarnos, si puedo rescatarte de “vos este que sos”.
Continuará

4 comentarios:

Kristalle dijo...

Pasatelo muy bien!

Anónimo dijo...

Boa viagem amiga!!!!
Beijos, corina

RECOMENZAR dijo...

Me imagino lo que has disfrutado Y el haber conocido a alguien personalmente
después de haber saboreado su arte debe de ser magnifico ....
Que Ushuaia te reciba con el calor que te mereces. Maravillosa historia es tu texto

Tesa Medina dijo...

Aunque un pajarito me adelantó el final de "Nosotros (pasajeros del tiempo) precioso título, me encanta relerlo a cachitos, porque es pura magia, Lu, es un relato muy, muy bueno, lleno de ternura e ironia, cargado de nostalgia.

También sé que estás disfrutando de tu viaje, soy una privelegiada, porque nos hemos podido abrazar en directo, y reirnos juntas y contarnos la vida atropelladamente...Y emocionarnos y sorprendernos. Ha sido genial.

De nuevo nos encontraremos en este tránsito de blogs, y ya no será lo mismo, porque ahora siento que tu lugar en el mundo es también un pedacito del mío.

Me encanta Saint-Exupéry, Lu, hay una conexión muy especial con lo que cuenta.

Quizá porque soy de esas personas mayores a las que no les interesan los números y que no ha olvidado a esa niña que fue.

Feliz regreso, Lu, pero todavía disfruta todo lo que puedas de tu viaje el tiempo que te queda, llénate de luz y de recuerdos cálidos para que tu invierno sea menos frío y algo menos oscuro.

Un abrazo,