Tampoco me importa el mío
Escribo...
escribo para exorcizar mis demonios que, aunque no lo crean, son más que mis ángeles.
Escribo para sacar afuera mi tristeza, para elevar una plegaria a todos mis gatitos que me observan desde su cielo.
Primero fue Tomi, el michi de mi hija, al que vi como cuatro perros lo asesinaban y yo, cerco de por medio, no pude hacer nada.
Luego, mi Momo, el gato más bueno, mi compañerito de vida que se fue una mañana, a su ronda habitual, y ya no regresó.
No olvido su última mirada, su irse por nuestro jardín moviendo su culito gordo y luego...
¡Esa llamada telefónica! Ese aviso de : "a tu gato lo mató un perro".
Tirar sus cenizas en nuestro jardín apenas fue un intento de calmar mi angustia.
Entonces...
apareció Morrison y supe siempre que él -Momito- me lo había enviado para calmar mi tristeza.
Si bien un michi no reemplaza a otro, con Morri volvieron mis rutinas gatunas, las caricias, la ternura, los ronroneos y así, aún extrañando cada día a Momo, pasé otros cuatro michiaños felices con su compañía de "medio tiempo". Es que, literalmente, no era mi gato. En sentimientos sí lo era.
Vivía en una casa vecina, pero se pasaba el día completo conmigo.
Sólo cuando el ocaso dejaba caer su manto de nostalgia, yo ponía su comida en el hall frío y lo despedía: "hasta mañana Morri, tenés que ir a tu casa", y entonces cerraba mi puerta y él, luego de comer, salía por la puertita gatera aunque siempre lo hacía con pocas ganas. Creo que, si lo hubiera dejado, se hubiera quedado conmigo también por las noches.
Hasta que...
un día dejó de venir, y al siguiente...¡y pasaron 6! No estaba en la cuadra, en mi jardín, en ninguna parte.
Fui a tocar la puerta de mi vecina con el corazón apretado, con el temor de oír la peor noticia.
No. No lo había matado un perro pero...
¡allí estaba! Flaquito, casi sin moverse, con la mirada triste. No obstante, me pareció, su expresión gatuna cambió al verme.
Cáncer de hígado, era su diagnóstico y ya no tenía fuerzas.
La vecina me permitió traerlo, y así se sucedieron seis días. Lo iba a buscar y, luego de unas horas, lo llevaba de regreso.
Y con enorme alegría, dentro del gris panorama, yo veía cómo él se sentía mejor en mi casa, ronroneaba bajito, con la poca fuerza que le quedaba, cuando yo lo acariciaba y él miraba por su ventana preferida.
Finalmente, la vecina, me dijo que fuera a buscarlo para nuestra despedida. Al día siguiente lo llevaría para que lo duerman para siempre. Y desde entonces no puedo olvidar el momento en que ella -la vecina- vino a buscarlo. Morrison se aferraba a mi y no quería irse.
Pocos días después de tan triste despedida, apareció Michifou, el gato "naranjita"
¡Él sí que era "callejero por derecho propio"!
Tanto que sin dudas digo que -como en la novela de GGM- su andar callejero era la "Crónica de una muerte anunciada"
No obstante, vino durante casi un año. Algunas veces, pasaba la noche en mi casa y yo me entusiasmaba pensando que, tal vez, finalmente elegiría vivir sin tanta libertad pero a resguardo de los peligros de la calle. ¡las veces que llegaba lastimado!
Pero...
no hubo caso. Ya lo dije: "era callejero por derecho propio" De todos modos, saber eso, no me evitó el duelo.
Como era esperable, un día dejó de venir. No supe que le sucedió pero puedo imaginar algunas maneras de muerte violenta.
Gente mala entraña que envenena michis ¡si que las hay! perros callejeros -o no- que los atacan ¡también!
Y mi vida siguió signada por esas "apariciones gatunas": Se va uno, llega otro.
A los pocos días que dejó de venir Michifou... ¡Apareció Titi!
También "medio tiempo" (Era de otra casa del barrio)
Pero ya no quiero escribir. Ya no quiero contar que hacen exactamente nueve días que también desapareció.
¡Lo extraño tanto!
Volveré, algún día, sobre el tema.
Pero no hoy. Hoy estoy demasiado triste y prefiero salir a mi jardín a esperar, otra vez, que llegue como siempre contento, pidiéndome mimos y comida.
Gracias por estar ahí, aguantando mi catarsis...¿o que es sino este primer fragmento de esta entrada?
Al menos espero que rían mucho con el final de mi cuento que, en esta ocasión, no es "puro cuento" es real. No dejen de leerlo, porfa.
Gracias por pasar, hasta el viernes que viene o hasta cuando gusten volver.
Esa Musiquita en el recuerdo
NOTA: Les dejo el enlace por si no pueden ver el vídeo. En la vista previa aparece una leyenda que dice que solo puede verse en YouTube, y da la posibilidad de "Mirar en Youtube" También pueden dar "clic" allí o copiar y pegar el enlace.
Por favor, no dejen de verlo. ¡¡ Gracias !!
https://www.youtube.com/watch?v=ops9oe-8k3Q
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloguera”, para publicarme...entrega Nº626 de la suelta de mis letritas)
De un tiempo feliz (a pesar de todo) Final
Fernando esa vez no salió con nosotros.
Entonces, al no disponer de su “renoleta”, decidimos salir los 3 en la moto de Nano.
Ya había amanecido cuando regresamos, en esa vieja y ruidosa moto, a las empolvadas callecitas del pueblo.
Éramos un perfecto sándwich en el cual yo, por supuesto, era “el jamón del medio”. De pronto, unas cuadras antes de llegar al pueblo, Enrique dijo:
- ¡Huy nena! Qué mal, las viejas cuando te vean van a decir que sos una puta!
Y no tuvo mejor idea que taparme con un viejo mantel que Nano siempre llevaba por si tenía que tirarse al suelo para arreglar algún desperfecto de su moto. (Al menos esa era la excusa que decía cuando alguien le preguntaba por la razón de llevar siempre consigo ese “trapo”)
Así entramos al pueblo, carcajeando y diciendo una pavada tras otra. Entre eso y la bulla que metía nuestro medio de transporte no había manera de pasar desapercibidos. Tan así que si las doñas no habían salido aún a barrer, lo hacían presurosas a nuestro paso y no faltó quien abriera la ventana porque tal vez no tuvo tiempo de peinarse o de ponerse el delantal para salir a la vereda.
¡Las miradas de las “barredoras de chismes”!
Y podría seguir relatando anécdotas de ese tiempo sin tiempo, sin más ocupación que divertirnos y, en mi caso, ayudar a las tías o jugar con los hijos de mis primos mayores.
Pero no puede faltar en este relato el más gracioso recuerdo que guardo de ese momento de mi vida.
Una noche habíamos ido a bailar a Memfis, en la vecina localidad de San Jorge. Era el lugar que más juventud convocaba en esos tiempos, no solo de esa ciudad sino de todos los pueblos aledaños.
¡Lo bien que lo pasábamos! De pronto Fernando desapareció detrás de una chica muy bella y simpática de la cual, según nos dijo, se había “enamorado a primera vista”
Así que allá fue el bueno de Fernando cuando la mujercita en cuestión se dirigió hacia los baños.
Fue detrás de ella con la ilusión de poder encararla cuando saliera del toilette. Entonces no tuvo mejor idea aguardarla en la entrada del mismo.
Así las cosas, Riqui y yo nos quedamos tomando una cerveza, mientras Nano andaba intentando “picotear” por allí.
No pasó mucho tiempo del momento en que Fer había salido rumbo a los baños cuando lo vimos regresar.
¡La cara que traía! Pobre, parecía que había visto una fantasma o que lo habían “pescado” los patovicas del boliche.
-Fer ¿qué pasó? ¿Hablaste con tu chica?
-No, y ya no quiero hablar con ella
-¡Pero mierda! ¡Seguro la viste con un flaco!
-No. No. Nada de eso
-¿Y entonces?
-Entonces nada, nos dijo y no quiso hablar más del asunto.
-Dale Fer! Contanos, algo pasó porque te cambió la jeta.
-Claro que pasó. A mí no. A ella.
-¿¿¿¿ ¿???
-Entró al baño, yo me asomé apenas y justo en ese momento…
-¿En ese momento queeeeeé?
-¡¡¡Se rajó un tremendo pedo!!!!
Aun me río cuando recuerdo ese momento, nosotros desternillándonos de risa y el gordito Fernando totalmente decepcionado.
¡Qué juventud la nuestra! Viéndolo en retrospectiva diría que, al menos en esos pueblitos, aún era tiempo de inocencia.
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