viernes, 9 de octubre de 2026

Para no olvidar

 Tampoco me importa el mío
Hoy sale edición "rescate". 
Quiero mostrar esas antiguas fotos en blanco y negro, esas fotos que nos recuerdan de donde venimos- viendo imágenes de nuestros ancestros- como fuimos y nos muestran, fehacientemente, el camino que hemos recorrido y que "desentumecen nuestra memoria. 
Y me pregunto si la era tecnológica, la fotografía digital, los teléfonos celulares que acumulan fotos....
¿Es un avance o es un retroceso? 
La pregunta es porque, en líneas generales o mayoritariamente, las personas ya no las guardan y de ese modo se va perdiendo el recuerdo, la visión de como hemos transcurrido el camino hasta el hoy .
Estoy en el bando de las que sigue guardando fotos, que usa máquina fotográfica, que arma archivos año por año. 
Que cada viaje lo vuelco, además de a la carpeta que guardo en la compu,  a un fotolibro. 
Entonces, no solo quedan registradas en mi PC sino que también las guardo "en papel", y por si le pasara algo al equipo, fragmentos de mi vida en fotos los paso a un pendrive.
¿Será que el día que ya no esté, alguien las mirará y recordará momentos compartidos o se imaginará como he sido? 
No sé. Pero sí se que, en el mientras tanto, a mi me sirve. 
A mi me sirven los recuerdos y disfruto cada vez que vuelvo, mirando fotos, a algún pasaje de mi vida.
Necesito decir que le he preguntado a mi amiga Silvia, la que vive en Munro, que le parecía esa idea mía de compartir fotos antiguas y fue ella quien me alentó a hacerlo y me sugirió la posibilidad de reflexionar sobre qué pasa en la actualidad con el registro fotográfico.
¡Gracias amiga! Espero haber escrito a la altura de tu sugerencia.
Basta de cháchara y aquí van algunas de mis antiguas fotos. 
Infancia:
  
Con mi hermano:
Con mi hermana
                   Mi adolescencia                       Los inolvidables cumpas del cole secundario
                  
¿Y qué decir de ésta que me ha dado alguna tía que, obvio, ya no está en este plano? 
¡Es pura ternura! Intento siempre, a partir de esta foto, pensar cómo habrá sido esa primer infancia de mi papá y sus hermanos y hermanas, en un país al que sus padres -mis abuelos- se estaban abriendo camino, llegados de España y trabajando en el campo, de sol a sol? 
                                               Mi papá y mi tía Rosita
Y una más, el compromiso de mi papá y mi mamá. Típica foto, con la familia de ella, Mi abuela, tíos, tías, alguno de ellos ya con hijis.
Bueno, hasta aquí mi recorrido, tengo más pero la idea no es atosigarlos con fotos que a ustedes nada les dicen, sino intentar reflexionar respecto a "aquellas fotografías" y saber, si tienen ganas de contarnos, sí aun siguen guardando "pasajes de vida en fotos" o solamente las "acumulan" en el celular.
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver
  Lu
Esa Musiquita en el recuerdo
                                                             Acá no zafás:
   (por eso me hice “bloguera”, para publicarme...entrega Nº650 de la                                                               suelta de mis letritas)
Para no olvidar
Guardaré 
-ordenadas-
tus fotos de antaño.
Anotaré
tus gustos, tus pasiones
lo bueno de tu vida
-pero no tus desengaños-.
Contra reloj y minuciosamente
-en letras-
plasmaré tus días
y acomodaré 
-por fechas-
nuestras fotos en la pared
Grabaré tus palabras
para oírlas cada mañana
una y otra vez.
Tu forma de mirarme
detallaré también,
tu comida predilecta
y lo que no te hace bien.
Voy a rociar
con tu perfume preferido
mi almohada, mis toallas
y mis vestidos.

Haré todo lo que pueda.
 -Ya sabes-
mi memoria falla
con el paso de los años...
¿Desconoceré tu rostro
tus besos,
la ternura de tus manos?
Siento pánico mi amor...
de olvidar cuánto te amo.

viernes, 2 de octubre de 2026

Traje de ...

 Tampoco me importa el mío
Me gustó mucho recordar anécdotas y, por sus respuestas, creo que todos y todas han reído con ellas. 
Entonces he decidido que, en esta ocasión, contaré dos más y prometo que para el viernes próximo cambiaré de tema. 
Pero créanme que hoy salen dos que "no tienen desperdicio" y que tal vez los haga pensar en la posibilidad de que sus hijos, hijas y/o nietos, nietas puedan contar -o haber contado-"secretos de familia" durante la primera infancia a sus pares y maestras … 
Pues...¡nunca lo sabrán! Y lo digo como "Seño" de jardín de infantes 😂 😂
A reír pues! 
Estaban en la ronda de intercambio -momento inicial de la Jornada en que cada niño o niña contaba lo que tenía ganas- y Fran dijo 
Yo seño! tengo algo para contar!
-Bueno Fran, te escuchamos
-Mi papá cuando está en la cama …¡se tira unos pedosssss! y después sacude las sábanas
-¿Sí? ¿Y tu mamá qué hace? (Y sí, las "Seños" siempre hemos sido curiosas y amantes del "show")       
 -Mi mamá le dice ¡Viejo que chancho!

Imagínense que la maestra de Fran nos lo contó a todas sus colegas. Imagínense que éramos muy jóvenes. El plantel docente todo, incluida la directora, no superábamos los 30 años en aquella época y los padres eran más o menos de la misma franja etaria. 
Y, como si no fuera suficiente, ese papá "incendiado" por el hijo formaba parte de la cooperadora de la institución por lo que era un padre muy presente. 
Lo veíamos a diario y a partir de entonces, por unos días, cada vez que entraba al Jardín de Infantes no faltaba quien hiciera gestos a sus espaldas y, la que estuviera hablando con él,  no sabía como contener la risa. 

La última anécdota que les traigo es una que a mi me despierta mucha ternura y recuerdo la cara "angelical" de su protagonista.
Sala de 4 años. Claudia, la maestra, contaba sobre los servidores públicos y en ese momento, particularmente, hablaba de los bomberos.
Jorge (Jorgito que hoy debe andar rondando los 44 años) siempre estaba "volando", o "en las nubes" o "papando moscas" y la Seño, viendo la situación, le dijo:
-Jorgito, ¿Qué dijimos que hacen los bomberos voluntarios?
- Mmmmm ("revoleando" los ojitos y mirando a sus pares)
-¿No te acordás?
-Sí sí ya me acuerdo
-Bueno contanos que hacen entonces.
-¡Los bomberos voluntarios voluntan!

Ayyy los y las peques!!! 
Son siempre y por siempre los más geniales, con una espontaneidad e imaginación a prueba de cualquier filtro. 
Eso, sostengo, durante la primera infancia...luego, lamentablemente, se pierde la candidez y de manera bastante abrupta. 
Ojalá se hayan divertido con "mis cuentos" tanto como yo recordándolos.
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver
  Lu
Esa Musiquita en el recuerdo
NOTA: Hoy sale ritmo tropical, así que …¡a mover a mover! 😃
                                                         Acá no zafás:
   (por eso me hice “bloguera”, para publicarme...entrega Nº649 de la                                                                          suelta de mis letritas)
NOTA: Si bien ya lo he publicado en sendas ocasiones, hoy lo vuelvo a traer pues va bien con "el tema del día"
Disculpen si ya lo leyeron aunque, lo más probable es que no lo recuerden así que...¡Será como leerlo por vez primera! 😂
Traje de...
Era tan bella, tan conversadora, tan simpática… ¡tan todo!
Bueno, sí. Estoy hablando de mi hija cuando era pequeña.
Madre orgullosa si las hubo he sido yo.
Ella, carismática, sensible, inteligente, empática y yo, profesora de jardín de infantes.
Imagínate…
en esa etapa de mi hija –entre los 3 y los 5 años- en una ciudad pequeña, ella “la hija de Lucía” era conocida por casi todos y todas.
Y Lucía, o sea yo, siempre orgullosa de ser la Maestra Jardinera que era. Siempre un paso más adelante, actualizándome y logrando reconocimientos de mis pares…
Por esas cosas de la vida, y el no saber cerrar la boca a tiempo, casi nunca de mis superiores.
Pero, vuelvo a mi niña que por aquí va el cuento. Yo, “la sabionda profe” fui con ella de compras a una ferretería. Y justo a la entrada del negocio, con un cartel escrito en amplias letras, promocionaban
“TRAJE DE AGUA”  Consistía dicho traje en una capa y botas de las que usan los pescadores

Ahhhh!! Mi orgullo por partida doble –madre de esa maravilla de niña + profesora de Jardín- me infló el pecho y leyéndole “Traje de” le señalé la  palabra “agua”  y  pregunté a mi peque:
-AGUS, ¿Qué dice acá?
Obviamente ella podía leer su nombre y mis conocimientos sobre el tema de lectoescritura me decían que, sin dudas, dado la similitud de ambas palabras podría descifrar lo que allí decía.
Y entonces ella leía, y la gente empezaba a observarla… (En verdad era muy bella y simpática, por lo que despertaba adhesiones donde quiera que estuviera).
-A---Ggg----U—uu-A
-Muy bien hiji! Entonces... ¿qué dice?
-No sé mami
Y volvía a deletrear en forma correcta y yo volvía a preguntar que decía y ella siempre respondía
–No se mami.
Hasta que al cabo de la tercera o cuarta vez de repetir el esquema, quitó su vista del cartel en cuestión, se dio vuelta, me miró a los ojos fijamente y me dijo, muy convencida
¡TRAJE  DE  BOMBERO!

viernes, 25 de septiembre de 2026

Necesitamos un marido

 Tampoco me importa el mío
Aquí, pensando en qué contar, qué compartir con ustedes y no se me ocurre nada.
Entonces leo el comentario que me ha dejado Diego, en la entrada anterior, y ¡cáspita! eso me ha dado una idea. 
¿Por qué no compartir anécdotas respecto al "sincericido" de niños y niñas?
Durante la infancia, afortunadamente, no tienen filtro y dicen, sin remordimiento alguno, lo que en verdad y a pie juntillas creen.
Durante mis años de trabajo en Jardines de Infantes he recogido y guardado amorosamente en mi memoria varios comentarios que, además de sinceros, son hilarantes. 
Y del mismo modo, guardo comentarios de los y las peques de mis amigas y varios de mi hiji también.
Total que creo que, compartiendo algunos de ellos, puede ser ésta una entrada de relax y un momento para olvidar "los males del mundo".
Veamos si resulta...
La de Juan, ya la conocen, es el relato que publiqué la semana pasada. 

- Felipe era un niño con diversos problemas emocionales, lo que lo llevaba a comer sin parar y estaba muy excedido de peso. Obviamente, eso le generaba un problema más.
Un día en que habíamos salido a pasear y a tomar una gaseosa en un bar cercano al Jardín, se enojó mucho conmigo y me decía
-¿Por qué no me compraste un "sanguche"?
Así las cosas, él a los gritos y de muy mal humor, pasamos por una comisaría y el poli que estaba afuera no tuvo mejor idea que decirle:
-Gordito, que te pasa, porqué le hablás así a tu maestra-
Se plantó Felipe, lo miró fijo, hizo"montoncito" con su puño y le respondió
- ¡Gordito y la concha de tu madre"

Jorgito, 4 años, en los primeros días de clase lloraba mucho y no se quería quedar en el Jardín de Infantes. Una de esas mañanas, la maestra lo llevó a la secretaría, para que se quede allí un rato conmigo. 
Le di una hoja para que dibuje, le hablaba tranquila, le decía que pronto vendrían a buscarlo y se iría a su casa y, cuando dejó de llorar, me dijo
- Decime seño, ¿Por qué mi mamá me deja acá si yo la quiero?

Candela, hija de una amiga, tenía 8 años. Yo le contaba a mi amiga que pronto llegaría una tía a visitarme y la niña, con una expresiva carita de asombro dijo:
-Tu tíaaaaaaa?
-Sí, Cande, sí mi tía ¿por?
-Ayyy que vieja que ha de ser!
(Cabe aclarar que yo tendría entonces unos 48 años)

Un día que paseaba con Amílcar (5 años) por "la playa del 8", en Comodoro Rivadavia, se me ocurrió contarle que yo trabajaba en un Jardín de infantes. Entonces, él detuvo la marcha y me miró en un "subir y bajar de ojos" de abajo hacia arriba, y viceversa, y me lanzó, cual dardo con curare:
-¿En un jardín de infantes?
-Si claro, en un jardín, como el que vas vos...
-Pero vos...¿sos seño o directora?
(Aclaración: por ese entonces yo tendría aproximadamente 46 años)

Sin dudas, en estas dos últimas anécdotas, tanto Candela como Amílcar, no han tenido ningún reparo en "enrostrarme" el paso de los años.  
Espero que, ahora mismo, ustedes estén riéndose tanto como yo y pensando en lo maravillosa que es la sinceridad durante la infancia.
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver
  Lu
Esa Musiquita y la actualidad
                                                          Acá no zafás:
   (por eso me hice “bloguera”, para publicarme...entrega Nº648 de la                                                                          suelta de mis letritas)
Necesitamos un marido
Recuerdo la nevada de ese invierno.
Fue muy copiosa y duradera.
¡Una gran nevada! “Como las de antes”, decían los antiguos pobladores.
Fue en esos tiempos en que yo era mamá y papá a la vez.

Trabajaba 7 horas fuera de casa, te llevaba a la escuela, te iba a buscar, te llevaba y buscaba al menos una vez cada día a tus variadas actividades extraescolares, a la casa de tus amiguitas, a los cumpleaños…
Arreglaba el cuerito de las canillas que goteaban, llevaba el auto al taller mecánico, a la gomería… Paleaba nieve en invierno, cortaba el pasto en verano, pagaba los impuestos, hacía las compras, cocinaba, te llevaba al médico a vos y yo hacía mis controles de rutina…
Intentaba mantenerme informada, tener un poco de vida social…dormir…

Entonces
En esos tiempos cayó la gran nevada. Vos tenías 6 años.
Me levanté más temprano que de costumbre pues, además de la rutina de cada mañana, debía palear la nieve,  limpiar y encender con tiempo el auto de modo que quedara en condiciones para salir a horario y que no llegaras tarde a la escuela.
Me vestí y, con la cara apenas lavada, salí a encarar la tarea.
La nieve superaba, ampliamente, la altura de mis tobillos y estaba compacta…
Le “di duro” a la pala…logré hacer un caminito respetable para transitar, llegué al auto que no se veía pues la nevada lo cubrió  totalmente, lo limpié, lo encendí…
Luego
cansada, con la cara “escarchada” las manos entumecidas, a pesar de los guantes, entré a casa, pensando en el paréntesis de un café calentito, para luego "salir corriendo" como cada mañana…
No sé qué cara tendría cuando abrí la puerta, no sé si estaría pensando en esos aconteceres y en mi día a día, no sé si estaba triste, resignada, o “como si nada”…No sé.
Pero…
Lo que sí pude saber, luego de la sorpresa, es que mi cara no sería precisamente de felicidad, porque cuando me viste entrar, desde tu posición sentada en la escalera con los codos sobre las rodillas y las manos sosteniéndote la cara, me miraste y dijiste con actitud seria y contundente
-“Mami, necesitamos un marido”