viernes, 3 de noviembre de 2017

Infancia patagónica

Tampoco me importa el mío
Apagadas las luces y con el escenario nuevamente en penumbras vienen a mi, vaya a saber porqué intricado vericueto de mi mente, el recuerdo de los juegos a los que jugábamos las niñas de mi generación. Y si digo específicamente niñas es porque por aquellos años había una diferencia un tanto marcada sobre "juegos de niñas" y "juegos de niños".  Lamentablemente he sido una nena demasiado sumisa y obediente, y nunca infringí las estrictas reglas de mi madre. Añoro aun no haber jugado a las bolitas, a la tapadita,  a "los pistoleros", o haber trepado árboles entre otras cosas.
Sin dudas había juegos compartidos: Escondidas, "la mancha", las estatuas como ejemplos. 
Lo cierto es que ahora, con tantos diablos ostentando poder disfrazados de presidentes, gobernadores, y toda la casta política, dirigentes sindicales y empresarios poderosos, recordé un juego "exclusivo" de niñas en el qué decíamos:   -"Primer ángel, ven a mi"  -No porque está el diablo ahí" -"Abre tus alas y ven aquí" 
En verdad era el final del "Pisa  pisuela, / color de ciruela, /vía, vía, este pie- / No hay de menta, / ni de rosa, / para mi querida esposa. / que se llama Doña Rosa.
Recuerdan ese juego? Todas sentadas en ronda, o en el cordón de la vereda, o recostadas en el muro de algún patio del vecindario, con los pies bien juntitos, una de las chicas, pasaba tocando con su pie la punta de cada pie de las que estábamos sentadas y diciendo el consabido y ya dicho "pisa pisuela..."
A la que tocaba justo en la última silaba de esos versos, debía esconder el pie señalado y cuando los dos habían sido tocados se salía del juego a esperar  que quedara una sola jugadora, que era la que se convertía en "diablo".  A partir de allí " la madre", que era la que cantaba y señalaba los pies, ponía en fila a los ángeles y los llamaba uno por uno. "El diablo", las corría y si las alcanzaba antes de llegar a la madre pasaba a ser su prisionera. De lo contrario, engrosaba  la  fila de las salvadas por la madre.
Noto ahora que, causalmente tal vez, este juego que recordé sin saber porqué, tiene que ver también con "madres salvadoras", no solo con los diablos que ya mencioné y que pareciera ser que siguen afanosos en sumar riquezas en detrimento de los trabajadores.
Como sea, me ha gustado este recuerdo de infancia que a su vez trajo tantos otros juegos a mi memoria. Para el viernes próximo, intentaré "recordarlos en voz alta" sin meterme en estos laberintos que solo yo me meto haciendo asociaciones cuasi peligrosas. ¡¡Lo prometo!! El tema será puramente "Juegos de infancia antigua".
Y ahora voy a por las frases que tal vez deberán hoy ser "gatunas", habida cuenta de que mientras trabajo en este post mi gatito, "medio tiempo", Calabaza duerme plácidamente sobre mi escritorio.
"Gracias por pasar por aquí. Espero opiniones, críticas y halagos también ¿Vale? Hasta el viernes próximo. Buena vida y BUENA VIBRA
  Lu
Frases: y sí...¡sobre gatitos!
“Es una labor muy difícil ganar el afecto de un gato; será tu amigo si siente que eres digno de su amistad, pero no tu esclavo.”
Théophile Gautier
“Es costumbre muy inoportuna de los gatitos (como observó una vez Alicia) que, sea lo que les digas, siempre ronronean.” 
Lewis Carroll
“Los perros nos miran como sus dioses, los caballos como sus iguales, pero los gatos nos miran como sus súbditos.”- 
Winston Churchill
“Tigres, leones, panteras, elefantes, osos, perros, focas, delfines, caballos, camellos, chimpancés, gorilas, conejos, pulgas… ¡Todos han pasado por ello! Los únicos que nunca hemos hecho el imbécil en el circo… ¡somos los gatos!.”
Garfield
“Se convierte en compañero de tus horas de soledad, melancolía y pesar. Permanece veladas enteras en tus rodillas, ronroneando satisfecho, feliz por hallarse contigo, y prescinde de la compañía de animales de su propia especie. 
Théophile Gautier
 Acá no zafás: 
(por eso  me hice “bloggera”, para publicarme... ¡así que leé la entrega Nº 258 de la suelta de mis letritas)   
Infancia patagónica 
Éramos niños de ciudad patagónica lo cual en aquellos tiempos (y aun hoy) era todo un tema.
Y más aún cuando, como en nuestro caso,  formabas parte de una familia que no era nyc*, sino que habitaba aquellos “desolados parajes” por cuestiones de índole laboral.
Imaginen entonces, desarraigo, frío, meseta patagónica con fuertes vientos. Chenque** levantando kilogramos de tierra y una “madreamadecasa” educada en otro siglo, con costumbres burguesas y depositada en ese paisaje hostil por obra y gracia del trabajo de su marido, con el dinero justo como para el mate cocido con leche de la mañana y la polenta varias veces en la semana de almuerzo. Ni mencionar la frugalidad de la cena.
¡Que panorama! Si casi lo estoy viendo, a pesar de no recordarlo.
Es decir, estoy situándome en los pensamientos de mi madre por aquellos años…De hecho, amo la Patagonia, y mi sentir siempre fue y será otro al respecto.
Como antes, como siempre, como ahora, a veces las cigüeñas se meten en la chimenea equivocada.
Y no. No  estoy emitiendo quejas sobre mi familia. ¿Con qué derecho lo haría?
Solamente estoy reafirmando mi condición de “distinta”…Desde  chiquita lo fui.
Lo cierto es que mi hermano y yo, vivíamos encerrados dentro de la casa, y todos los temores maternos, nos hacían muy vulnerables.
No teníamos televisión, no salíamos a jugar afuera, no teníamos una “barra” de amigos ni amigas, no conocíamos insectos, ni gallinas, ni vacas, ni animales del zoológico (que tampoco conocíamos) Así que, nuestra idea de animales salvajes y domésticos, se basaba en algunas figuras vistas en libros de cuentos, perros y gatos de los vecinos y algún que otro caballo que por el fondo de nuestra casa pasaba.
Fue en ese entonces, cuando mis padres decidieron un verano, ir a pasar unos días de vacaciones nada más ni menos que al campo.
Sí, al mismísimo campo, en plena pampa húmeda…a la chacra de mis tíos.
¡Qué revuelo! Descubrir moscas, mosquitos, abejas y toda suerte de insectos…sapos, ranas, vacas, chanchos, aves de corral y cuanto animal pueda imaginarse uno en los campos argentinos, de la provincia de Santa Fe, allá por mediados, o poco más, de los 60.
Y no es que recuerde yo estos hechos, pero con el paso del tiempo, se los escuché contar a mi madre infinidad de veces, por eso lo sé.
Lo único que recuerdo nítidamente, y aún ahora en vez de parecerme un episodio chistoso me genera un poco de melancolía, es la risa dibujada y sonora en esas caras adultas que, en vez de ayudarme, me miraban correr, desesperada, a una gallina blanca de impresionante cresta roja. 
Llevaba, entre mis manitos, una lata vacía, mientras a viva voz y muy colorada por el esfuerzo decía:- ¡Gallina, que sucia!, tenés que hacer caca en la lata. 
Luego llegan confusos los sucesos. Me caí en el intento de atrapar a la cocorita, mi tía me abrazó y alguien decía que no pasaba nada...
Y yo me puse a llorar al darme cuenta de que había otra forma de vida más libre y que no era tan importante ponerse muchos abrigos, quedarse siempre adentro y tener la casa ordenada.

* NYC sigla que se usa en las ciudades patagónicas de Argentina para denominar a los que nacieron y se criaron en el lugar: "Nacidos y criados"
** Cerro ubicado en la ciudad de Comodoro Rivadavia. (La palabra chenque denomina a los cementerios de aborígenes)

6 comentarios:

Tesa Medina dijo...

Oh, que maravilloso relato de tu infancia, Lu, me encanta como lo cuentas. Lo puedo ver y eso es lo que más me gusta, es muy visual. Y también que me emociona y me hace reír a la vez. Y como aderezo tiene esa pizquita de nostalgia de una infancia más libre y sin tantas reglas...

...y el descubrimiento de esa vida "distinta" en la que no importaba donde hacían caca las gallinas...Me reí imaginando la escena, Lu.

Y ya pasando a los juegos, mis recuerdos felices de infancia se concentran en pocos años, pero muy intensos, y tienen que ver con los juegos al aire libre.

Sí fui una niña rebelde, aunque lista, siempre decía que sí a todo, y luego hacía lo que quería.

Las batallas cerca del río con los niños, las carreras de zancos, que eran en realidad enormes botes de conservas puesto boca abajo y con una cuerda en los que nos subíamos...y de los que nos caímos con bastante frecuencia, pero que hartura de reir.

Ay, Lu, que monada, ya te dije que Calabaza te ganaría la partida, ahí lo tienes dentro de casa tan feliz.

Me quedo con todas las frases de gatos. Son tan especiales, que siempre me sorprenden y me divierten.

Mi gata aprendió por su cuenta a traer la pelotita en la boca, y quiere que se la tire y corre a buscarla una y otra vez, pero cuando se cansa, la escondé, hoy en un zapato de Xavi, que pensó que le había crecido el pie porque la pelotita estaba bien adentro escondida,

Un abrazo, Lu, de los políticos mejor no hablemos hoy. Por aquí tenemos una buena liada.

jfbmurcia dijo...

Por mucho que envejezcamos nuestra infancia siempre nos acompaña. Bonitos recuerdos amiga. Un abrazo enorme desde el Mediterráneo.

Lu dijo...

Tesa, hola
Comparto que los gatos son muy especiales y siempre te sorprenden...
Respecto a Calabaza, sigue siendo un "gatito medio tiempo". Entra a casa solo cuando estoy yo y en general lo hace para dormir unas largas siestas. Luego va al hall frío, toma mucha agua, come un poco y me pide que le abra la puerta para irse.
Mantengo mi palabra de no tener un gato "tiempo completo". Los adoro, pero no me gustan sobre las camas o cerca de la cocina. Viajo, me voy y vengo cuando me place o cuando puedo...Nada ni nadie me tiene anclada...No es aun mi tiempo de tener gatitos en casa.
Te mando un abrazo

RECOMENZAR dijo...

Que delicia de texto....
Los juegos los recuerdo....casi nunca voy al pasado
solo cuando quiero lastimarme....

Nos pasa algo y vamos a lo que fue...
es normal...
Tu claridad si casi la siento cuando escribo en tu texto
Bella niña te regalo una flor hoy que estoy levantada con el cambio de hora
Mil besos poeta de las palabras bellas

Anónimo dijo...

Hola Lucía, no es que no haya cumplido con mi promesa de llamarte, lo hice pero como no respondiste no te dejé mensaje, porque no me gusta hablar con máquinas.
Paso a tus letras de este viernes, tus recuerdos de los juegos son muy claros, recuerdo yo ese del "pisapisuela" y otros tantos, rondas y manchas con argumentos propios e inventados. Qué linda etapa la infancia, siempre y cuando podamos guardarla en el alma con alegría. El cuento de las vacaciones en el campo está genial, los chicos patagónicos no conocen muchas cosas, pienso en la hijita de una amiga cuando aquí en el "norte" vio una hilera de hormigas llevando hojitas, se quedó como una hora quietita mirándolas y no entendía qué cosa eran.¡Bendita inocencia!
No tengo una simpatía especial por los gatos, tuve uno cuando era muy chica pero luego me incliné por los perros, por eso no puedo hacer un comentario sobre las frases. Me sigue gustando mucho leerte, besos, Evy

P.D. No he recibido ninguna foto en mi correo.

Sophie dijo...

Me hiciste recordar los juegos de mi infancia, parece que fue hace cien años jaja, gracias por compartir tus recuerdos. Me encantaron las frases de gatos, soy bastante gatuna... Gracias
abrazo