Y otra fecha que me vuelve, indefectiblemente, al pasado. Ese pasado que sí me importa. Esos sucesos que debemos sostener en la memoria colectiva.
Entonces
a un día de la vigilia, estoy escribiendo esta crónica.
Por eso
mis recuerdos me llevan, inexorablemente, a aquel dos de abril de 1982 en que la portera del jardín de infantes llegó, corriendo y agitada, a buscarme al sendero del CHENQUE (que estaba yo subiendo con los nenes de la sala de 4 años) diciendo:
"¡Lucía tenés que volver al Jardín! Tomamos las Malvinas, hay que cantar el himno y luego retirarse!".
¡Fue tan extraño mi sentir!...
Cuando finalmente en el establecimiento no quedó nadie, Kitty (mi directora) y yo, nos miramos, ella -desde sus sabios años -y yo -desde mi intuición supongo-, con los ojos llenos de lágrimas dijimos:
¡Es terrible!
Y ella acotó:"¡Dios mío! ¡Los van a hacer mierda, pobres los soldaditos!
Para poder llegar a nuestro barrio, tuvimos que atravesar Comodoro Rivadavia por algún camino antiguo del cerro.
Era imposible transitar por el centro de la ciudad, todo el pueblo festejando... y nosotras, en el auto sin poder hablar porque un "nudo" oprimía nuestras gargantas, preguntándonos ¿Qué festejan?
Luego, lo que ya todos y todas conocemos.
He vivido esa "Toma de Malvinas", que no debió haber sucedido, en pleno "teatro de operaciones", como se dio en llamar en tales circunstancias a Comodoro Rivadavia.
¡Tremendo! Con alertas rojas a cada rato, desmantelando las aulas, asistiendo a veloces cursos de primeros auxilios dados por la cruz roja, tapando toda salida de luz hacia el exterior, encerrados y enceradas en nuestros domicilios, alertas para salir disparando hacia los sitios estratégicos si sonaban las sirenas, durmiendo apenas, sabiendo de los aviones que aterrizaban con cientos de heridos, con gritos de dolor, y la angustia de sus familiares...y mi juventud trasnochada, quedándose a oscuras en el medio de la nada...
¡Quien sino los bárbaros innombrables pudieron meter a nuestro paisito y sus pobres "colimbas" en semejante masacre!
Fue una guerra pergeñada por los genocidas que querían perpetuarse en el poder, de uno u otro modo, en la que murieron tantos soldaditos que en su vida habían pensado en tomar un arma,
¡Una locura! Y las consecuencias nefastas, como siempre, las pagó el pueblo.
Este es mi homenaje y mi recuerdo siempre para ellos: Héroes de Malvinas
Plaza Islas Malvinas. Es aquí donde cada noche del primero de abril se reúne el pueblo Ushuaiense en la vigilia del aniversario del inicio de la guerra.
Es aquí donde se monta la carpa de la dignidad.
En ella los excombatientes cuentan la historia. En ella, el pueblo ejerce la memoria colectiva junto a los VETERANOS de esa guerra.
A la medianoche, se hace un minuto de silencio, se entona el Himno Nacional y se rinde homenaje a los 649 caídos, renovando el reclamo de soberanía.
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver
Lu
Esa Musiquita en el recuerdo
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº631 de la suelta de mis letritas)
NOTA: Quiero decirles que lo que cuento en este relato, rescatado de mi archivo, son sucesos reales que acontecieron allá por 1958. Lo contaba siempre mi madre.
Cuenta mi mamá...
Cuando vos tenías un año allá en la casa de Puerto Deseado, donde ni muebles había, vivimos unos seis meses, justo en ese tiempo invernal en que las noches son tan largas y oscuras. No había luces en las calles, ni había vecinos próximos.De hecho, la luz del hall de la casa más cercana se veía apenas como un lejano farolito chino o una luz navideña... quiero decir, se veía apenas un brillo. Fue una de esas noches, cuando sentimos unos desesperados golpes en la puerta y tu papá fue a atender. Al abrirla no vio a nadie, pero en ese instante los golpes urgentes, fueron en la ventana. Es el viento, viejo -le dije yo-, pero la verdad es que no parecía sonido de viento. A la noche siguiente, pasó lo mismo, los golpes cada vez más fuertes, cesaron cuando apagamos las luces y fuimos a dormir. Fue entonces cuando a tu papá se le ocurrió que al día siguiente, llamaría al vecino de la casa más próxima, aquella de la lucecita, para que viniera a cenar con nosotros.
Y sucedió....En medio de la cena, golpearon una vez más la puerta.
Se levantaron juntos de la mesa, tu padre y el vecino aquel, y se dirigieron hacia la puerta uno y hacia la ventana, el otro. Al abrirlas al mismo momento, los desesperados, urgentes y fuertes golpes retumbaron en el techo...
Yo no creo nada de eso, pero el vecino nos dijo que eran los espíritus de los indios, molestos por la invasión de los hombres blancos que trabajaban sobre sus muertos, acota mi mamá....
Entonces siento que yo sí lo creo, que no tengo dudas de que los dichos del vecino aquel hayan sido, y sean, ciertos… Y me quedo pensando en eso pero, a mi madre, no se lo digo…