viernes, 6 de noviembre de 2026

Misterio nocturno

  Tampoco me importa el mío
No sé cómo ni por donde arrancar.
Estoy atravesada por una noticia que me conmocionó. Hace menos de 24 h me enteré de una muy mala noticia, una gran amiga está atravesando una difícil etapa debido a ese maldito cáncer.
Tremenda enfermedad, que llega y se instala sin avisar, que en muchas ocasiones se logra vencer pero en otras tantas, no.
¿Será posible que con tanto avance científico y tecnológico no se logre encontrar una vacuna, una medicación, no sé, algo que sirva para controlar y desterrar tan maldita enfermedad?
Sí, sé que hubo avances, yo misma soy una sobreviviente al maldito cáncer, pero no son suficientes.
Y acá voy a cambiar de tema. Lo he contado solo como una confidencia, como una necesidad de decirles que no, no estoy bien ni alegre ni divertida.
Y, cuando vengo aquí a conversar con ustedes, no puedo dividirme en compartimentos estanco, por eso he necesitado decirlo. 
Para renovar aires, quiero mencionar también, con inmenso placer, que en el "país del norte", en las elecciones de medio término,  los republicanos han sido los perdedores, lo cual sin dudas es un golpe a Trump.
Los que me conocen, ya saben que es solo mi postura, que cada quien tiene la suya y que así es la democracia.
Y espero sepan disculpar esta breve edición, no estoy en condiciones de ser creativa y sacar algo de la galera para que sea, como siempre pretendo que lo sea, una entrada entretenida.
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver
  Lu
Esa Musiquita en el recuerdo
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº653 de la suelta de mis letritas)
Misterio nocturno
Cada noche, al regresar a su casa, sentía una extraña sensación en el preciso momento en que giraba la llave en la cerradura.
Imaginaba que alguien aparecía en medio del silencio y la empujaba bruscamente, en el instante en que ella abría la puerta, colándose así al interior de su vivienda.
Este pensamiento se esfumaba casi tan velozmente como aparecía, pero era tan intenso que la dejaba con el pulso acelerado y la respiración entrecortada.
Llevaba casi un mes angustiándose por unos minutos cada noche. Tanto que pensó en llamar a su terapeuta y solicitar una entrevista.
Seguramente, en un par de sesiones,  podría descubrir cual era el motivo real de su miedo, encubierto en ese terror nocturno, que aparecía en el preciso momento de entrar a su casa.
Fue por ese entonces cuando regresó una noche más tarde que de costumbre.
Era una noche de sábado, oscura y con fuertes ráfagas de viento helado. Se sentía lúgubre el barrio,  bajo los chiflidos de esa ventisca arrolladora.
¡Pura Patagonia!, pensó, mientras introducía la llave en su puerta y el terror comenzaba a adentrarse en su mente. Se había olvidado de dejar una luz encendida, lo cual aumentaba su ansiedad y miedo. A punto tal que se le trabó la llave y no podía sacarla de la cerradura.
No podía pensar, ni articular movimiento alguno. Durante esos segundos eternos comenzó a transpirar. Ya casi sin aliento entró por fin y antes de poder cerrar la puerta, sintió que alguien se deslizó a la altura de sus piernas.
Petrificada, quedó en el medio de la sala. Intentó prender la luz, intentó gritar pidiendo auxilio pero no pudo. Sentía una presencia a su lado…muy cerca…si hasta podía oír su respiración…y sentía el aliento a la altura de sus caderas.
Tuvo un momento de lucidez entonces y comprendió que quien quiera que estuviera a su lado, no podía ser humano.
Encendió la luz y lo vio. Allí estaba, el causante de su terror. Sonrió con alivio, en tanto su pulso volvía a la normalidad.
El visitante era un enorme gran danés, oscuro como la noche, con las narices húmedas y los ojos tristes, que para ese entonces se había echado a sus pies como pidiendo asilo.

La despertó la tibieza tímida de un sol de invierno. 
El viento había cesado y nada quedaba de su furia nocturna. Se desperezó y se sintió feliz de haber salvado a ese can, tan enorme como indefenso, de quedar a expensas de la inhóspita noche.
Sonrió al pensar que, al menos ese domingo, estaría acompañada. Por la tarde publicaría en Facebook la foto de “Intruso”, nombre que le dio al gran danés, dadas las circunstancias.
Adormilada aún, bajó lentamente las escaleras y se dirigió al lavadero. Sitio que había escogido para que pasara la noche su huésped.
Es muy silencioso o aún duerme, pensó antes de abrir la puerta y observar, pasmada, que allí… ¡sólo estaban su viejo lavarropas, el tender y los cachivaches de siempre!