Tampoco me importa el mío
De regreso, a menos de 48 hs, aún algo cansada y volviendo a poner "los pies en la tierra" esta edición será muy breve pues no he terminado de procesar las fotos de mi semana recorriendo la Puna Catamarqueña.
¡Bellos paisajes por donde quieras mirar! Absolutamente distintos a los de la Patagonia pero inmensamente bonitos también.
Ya lo decía la canción "Mira que es lindo mi país paisano"
Cómo dije, aún no he terminado de seleccionar fotos y armar la carpeta "Catamarca 2026", por lo tanto recién podré compartir algunas la semana próxima.
Luego, los días pasados con mis parientes de María Susana -Santa Fe- fueron de muchos abrazos y bellos momentos compartidos.
Para dar un cierre a esta breve reseña, quiero compartir una foto que me obsequió Sandro, uno de los "choferes guías" de la expedición puna catamarqueña"
¡Allí voy sobrevolando el mundo, empujada por los fuertes vientos!
¿La anécdota? Estábamos conociendo el Campo de Piedra Pómez y la intensidad del viento era tremenda, más de 70 km/h. Entonces de regreso a las 4x4, dónde aguardaban los choferes, yo decía "Atención que llego volando" y allí se le ocurrió al bueno de Sandro tomarme una foto y -aplicación mediante- logró que "Lu vuele sobre el mundo".
¿La anécdota? Estábamos conociendo el Campo de Piedra Pómez y la intensidad del viento era tremenda, más de 70 km/h. Entonces de regreso a las 4x4, dónde aguardaban los choferes, yo decía "Atención que llego volando" y allí se le ocurrió al bueno de Sandro tomarme una foto y -aplicación mediante- logró que "Lu vuele sobre el mundo".
¡Me encanta esa imagen!
Ya me voy, no sin antes decirles que este fin de semana me pondré al día con vuestros respectivos blogs.
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver
Esa Musiquita en el recuerdo
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº635 de la suelta de mis letritas)
Sánchez
Esperaba encontrarse con Sánchez.
De sólo pensarlo, se estremecía, se le hacía “agua la boca”.
Sánchez y ese cuerpo, tan fuerte y a la vez tan dulce.
Lo deseaba.
Deseaba tenerlo a milímetros de su rostro para sentir su aroma.
Lo necesitaba.
Necesitaba sentirlo, saborearlo len-ta-men-te, dejar que penetre en sus entrañas….
No lo veía aún. Era temprano…
¿A quién podría preguntarle?
De momento, nadie de confianza veía en los alrededores.
Con su insoportable ansiedad, como siempre, había llegado con antelación al horario de la cita.
Ni los mozos estaban aun, repartiendo los aperitivos de rigor. A ellos sí podría preguntarles por Sánchez.
O también a su amiga Mariana, ella era de absoluta confianza pero tampoco había llegado.
La fiesta era para despedir a uno de los socios de la empresa en la cual ambas trabajaban.
Al buen hombre le llegó el tiempo de jubilarse y su trayectoria había sido impecable. Su mayor privilegio: era muy querido por los trabajadores y las trabajadoras de dicha compañía.
Así las cosas, decidió desplazarse lentamente por el salón con la única intención de “perderse” y llegar “como sin querer” a pispear los movimientos en la cocina.
Esquivó pequeños grupos de personas que conversaban animadamente, saludó a un par de invitados e invitadas que trabajaban en su misma sección y al fin pudo “perderse” y llegar a la cocina.
Ya, mozos y mozas, tenían las bandejas listas con diferentes bebidas para salir a ofrecer la primera ronda de tragos
¡Y allí pudo verlo!
Se retiró aliviada y feliz.
¡Al fin podría saborear, sin prisa, el mejor malbec de Fiambalá! De bodegas Sánchez, obvio.










