Tampoco me importa el mío
Mi volver en esta ocasión ha sido, parafraseando a Gardel, "Con la frente marchita". En mi caso, no lo digo por los años transcurridos sino porque estoy "hecha un trapo". El clima, tanto en Rosario como en María Susana y Buenos Aires fue siempre gris, terriblemente frío y húmedo. Tanto así que a poco de haber llegado a destino, me "pesqué" alguna peste de esas que afectan a las vías respiratorias. ¿Resfriado? ¿Gripe'? ¿Faringitis? ¿Laringitis? etc etc
¡Quién sabe!
Lo cierto es que fui sobrellevando la afección con ibuprofeno, caramelos expectorantes, antisépticos y analgésicos, mucho amor de mis primos y primas, buenas y sabrosas comidas dentro de las cuales no faltó, obviamente, el exquisito asado argentino.
Luego, segunda semana, llegué a Bs As bajo una lluvia torrencial que duró dos días sin parar. ¡Y muchísimo frío! Tanto, que quería volver a mi sur, a mi casa, a mis rutinas.
Los paseos pensados para realizar, imposible de llevarlos a cabo pues todos eran al aire libre.
Sobre la marcha y dadas las circunstancias, fui al cine y a cenar con mis amigas a diversos restaurantes.
Finalmente apareció el sol pero no es mucho lo que pude disfrutar habida cuenta de que cada día me sentía peor.
Y acá estoy, a menos de 48 hs de haber llegado, conversando con ustedes y sin saber muy bien qué y cómo contar. Aun no logro mejorar al 100% y ando con "pocas luces".
¿Lo mejor? El amor de mi familia y de mis amigas. Lo lamentable: ¡Mi estado deplorable por esa gripe (o lo que sea)!
Hiji fue a esperarme al aeropuerto, llegué a las 21 hs. y me sentí feliz de volver a casa, aún con la "frente marchita".
Tempranito a la mañana siguiente ¡Chini /Morrison maullando en el hall frío para que le abra la puerta! Él y mi azalea desbordada de flores, en pleno invierno, son esas pequeñas cosas que me hacen sentir mejor y que me permiten decir "Hogar, dulce hogar"
Ya me voy a "rumiar" mi gripe a otra parte no sin antes decirles que poquito a poco iré pasando por sus respectivas casitas de letras y/o fotos hasta reintegrarme totalmente a este apasionante mundillo blogger.
Por cierto, agradecida a quienes me han dejado comentarios durante mi ausencia.
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
Esa Musiquita en el recuerdo
NOTA: No soy de los "días de". Ya lo saben.
Pero...
hoy con este estado gripal y mis defensas bajas, siendo justo el día del amigo/la amiga (20/07), no pude resistirme y les dedico la "musiquita" a mis amigos y amigas del "mundillo blogger", con mucho amor y agradecimiento por la buena onda y el aguante para conmigo.
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº486 de la suelta de mis letritas)
Necesitamos un marido
Recuerdo la nevada de ese invierno.
Fue muy copiosa y duradera.
¡Una gran nevada! “Como las de antes”, decían los antiguos pobladores.
Fue en esos tiempos en que yo era mamá y papá a la vez.
Trabajaba 7 horas fuera de casa, te llevaba a la escuela, te iba a buscar, te llevaba y buscaba al menos una vez cada día a tus variadas actividades extraescolares, a la casa de tus amiguitas, a los cumpleaños…
Arreglaba el cuerito de las canillas que goteaban, llevaba el auto al taller mecánico, a la gomería… Paleaba nieve en invierno, cortaba el pasto en verano, pagaba los impuestos, hacía las compras, cocinaba, te llevaba al médico a vos y yo hacía mis controles de rutina…
Intentaba mantenerme informada, tener un poco de vida social…dormir…
Entonces
En esos tiempos cayó la gran nevada. Vos tenías 6 años.
Me levanté más temprano que de costumbre pues, además de la rutina de cada mañana, debía palear la nieve, limpiar y encender con tiempo el auto de modo que quedara en condiciones para salir a horario y que no llegaras tarde a la escuela.
Me vestí y, con la cara apenas lavada, salí a encarar la tarea.
La nieve superaba, ampliamente, la altura de mis tobillos y estaba compacta…
Le “di duro” a la pala…logré hacer un caminito respetable para transitar, llegué al auto que no se veía pues la nevada lo cubrió totalmente, lo limpié, lo encendí…
Luego
cansada, con la cara “escarchada” las manos entumecidas, a pesar de los guantes, entré a casa, pensando en el paréntesis de un café calentito, para luego "salir corriendo" como cada mañana…
No sé qué cara tendría cuando abrí la puerta, no sé si estaría pensando en esos aconteceres y en mi día a día, no sé si estaba triste, resignada, o “como si nada”…No sé.
Pero…
Lo que sí pude saber, luego de la sorpresa, es que mi cara no sería precisamente de felicidad, porque cuando me viste entrar, desde tu posición sentada en la escalera con los codos sobre las rodillas y las manos sosteniéndote la cara, me miraste y dijiste con actitud seria y contundente
-“Mami, necesitamos un marido”