Tampoco me importa el mío
Por
suerte, para quienes compartimos hemisferio, ya asoma el "primer
verdor" y la esperada primavera se anuncia con tímidos rayos de sol.
Al
menos aquí en Ushuaia donde el invierno se resiste a partir y, terco como una
mula, nos manda una nevisca cada dos por tres.
De
hecho ahora mismo, mientras escribo, está cayendo agua nieve. Eso sí, el sol da
batalla y resurge en medio de las nubes con tal calidez que no hay
manera de que la tierra se cubra del manto blanco.
Como
sea, la primavera se siente en el aire, en nuestros espíritus, en las aves que
comienzan poco a poco a revolotear, en mi gatito que anda por allí enamorado y
estuvo dos noches durmiendo, o parrandeando, quien sabe donde y en mí misma que me siento más energética, más excitada y al parecer,
por suerte, enamorándome una vez más.
Y
si de primavera se trata, recuerdo que hace un par de años compartí con ustedes
la leyenda inca sobre la misma.
Pues
bien hoy, a modo de bienvenida a la estación de las flores, los cultivos, el
despertar de los sentidos y, por excelencia aunque no la única, del amor, les
traigo lo que cuenta la mitología griega sobre el origen se la
primavera.
"Perséfone era una de las hijas
de Démeter, (diosa de la Tierra y la cosecha).
Era también una de las ninfas más
bellas y a menudo bajaba a los campos a recoger flores con sus hermanas. Fue
durante uno de estos paseos que Hades, el dios del Inframundo la vio y se
enamoró de ella.
Hades, que se sentía
terriblemente solo, un día, subió a la Tierra mientras Perséfone jugaba en la
pradera con sus hermanas y aprovechando un descuido de las otras jóvenes, tomó
a la ninfa y se la llevó al inframundo.
Cuando Démeter se
enteró de la desaparición de su amada hija, comenzó a buscarla con desesperación
por todos los rincones de la Tierra. Tanto así, que descuidó sus labores, las
cosechas se retrasaron y la tierra se secó
Viendo este desastre,
y ante la súplica de la atormentada Démeter, intervino Zeus, el más grande de
los dioses.
Fue así que Zeus se
encargó de buscar a Perséfone, hasta enterarse de que estaba en el Inframundo y
Hades la había hecho su esposa.
—No puedo hacer
nada para sacarla de allí, ya que ha comido y bebido de la mesa de Hades y todo
aquel que prueba alimento en el mundo de los muertos, no puede permanecer de
nuevo en la Tierra.
—Lo único que podría
hacer por ti, es llegar a un acuerdo con Hades. Le exigiré que devuelva a tu
hija a la tierra por seis meses. Pasado ese período de tiempo, tendrá que
regresar con su esposo, pero al menos no la perderás para siempre.
Y Démeter,
obviamente, aceptó.
A partir de entonces,
Perséfone vuelve con ella por un período de tiempo, en el que Démeter se siente
tan feliz que la Naturaleza florece nuevamente, todo reverdece y es momento de
cosechar."
Luego de esta leyenda solo se me ocurre decir ¡Gracias a Zeus!, ello para no entrar en cuestiones de machismo, patriarcado y tal.
Mejor me quedo con el resurgir de los verdes, las flores y la cosecha y me despido, románticamente, recordando algún verso de Silvio Rodríguez:
..."Mi amor no precisa fronteras; como la primavera, no prefiere jardín..."
Gracias por pasar por aquí. Espero opiniones, críticas y halagos también ¿Vale? Hasta el viernes próximo. Buena vida y BUENA VIBRA.
Frases: Hoy 4 primaverales
“El amor es una planta de primavera que todo lo perfuma con su
esperanza, incluso las ruinas por donde trepa.”
Gustave Flaubert
"Podrán cortar todas las flores, pero nunca podrán
detener la primavera".
Pablo Neruda
“En el corazón de todos los inviernos vive una primavera
palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.”
Jalil Gibran
"En este primer amanecer de primavera incluso mi
sombra está repleta de vigor".
Kobayashi, Issa
Acá no zafás
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme... ¡así que leé la entrega Nº 329 de la suelta de mis letritas!)
Por esas pestañas…
Azabachesconvexamente cóncavas
guardianas de tu mirada
en mi mirada…
Esas pestañas
que besan mariposa
y yo río como loca
-o tal vez alucino-
-o tal vez alucino-
Esas pestañas
que velan tu mirada
cuando entre caricias,
susurros en mi oreja
-siempre a media luz-
me besas
y después….
¡El Paraíso!
Ya no importa que
piensa cada quien
-ni nuestras diferencias-
en esa eternidad
que nos fundimos
afirmamos su existencia.
