viernes, 9 de enero de 2026

Perdiendo la inocencia

  Tampoco me importa el mío
Hola amigos y amigas, hola nuevo año. Primer entrada de este 2026.
Quiero contarles que "vengo y me voy".
¿Qué qué estoy diciendo? Pues eso. 
En esta ocasión solo vengo a desearles, una vez más, que tengan el mejor año posible, que vuelen alto con sus sueños pero con los pies siempre puestos en la tierra. 
Que pasito a paso se puede lograr, con paciencia, lo que se desea y de no ser así...¡pues que la vida continúa y habrá nuevas oportunidades!
¿Y por qué me voy de nuevo?
Bueno, esta vez me ausentaré al 100 % del mundillo Blogger porque ¡me voy de vacaciones allende los mares!
¿Adónde? ¿Cómo así de repente? ¿Con quién?...Esos interrogantes se los contaré, si el Universo y todos sus Dioses me lo permiten, a mi regreso.
Lo cierto es que no pasaré por sus bellas casitas de letras y/o imágenes, y podré contestar solo los primeros comentarios que me dejen en esta entrada. Los siguientes, los responderé a mi regreso.  
A modo de "hasta pronto" les dejo este, al menos para mi, magnífico texto de Carlos Skliar:
Que se celebre la vida, sin olvidar que está hecha de ausencias,  frágil, como una rama quebradiza
tendida sobre un abismo.
Que las ilusiones no sean mezquinas sino plurales,
incluso imposibles.
Que el mundo no avance tanto, tan ciego, tan mortífero,
tan implacable.
Que haya paz, pero no desmemoria.
Que todo sea más amable.
Que no se renuncie a ninguna idea nacida en comunidad.
Que no esperemos la esperanza, hagámosla. 
Que no haya gente abandonada en las calles.
Que las abuelas y los abuelos puedan sanar y comer. 
Que la crueldad acabe, que la miseria acabe. 
Que las infancias continúen. 
Que no solo se desee para uno mismo,
sino para los demás.
¡Buena vida y gracias siempre por el aguante!. 
¡Vamos por otro año compartido en este amigable "mundillo Blogger"
Hasta el viernes 30 de enero o hasta cuando gusten volver.
                      Lu

Esa Musiquita  en el recuerdo
                                                            Acá no zafás:
   (por eso me hice “bloguera”, para publicarme...entrega Nº621 de la                                                                                suelta de mis letritas)
  Perdiendo la inocencia
Julián era un bello niño. Primer hijo, y único en el momento en que sucedió esta historia, cargaba con todas las ansiedades de padres primerizos, los temores y el sueño que soñaban de ser padre/madre perfectos.
Julián, por ese entonces tenía 5 años y en su corta vida, si algo abundaba era lo mágico, lo fantástico y su credulidad e inocencia no tenían límite alguno. Todo era posible, nada era “como si”…todo podía pasar…
Llegaba Papá Noel y sonaban campanitas o, incluso alguna Noche Buena, alborozado, contaba que “había visto volando en medio de las nubes el trineo de Papá Noel con los renos que trotaban rapidito”  
Magia, era lo que hacía su familia, al momento de esconder regalos para que en las navidades fuera un creíble Papá Noel quien los dejara en el arbolito.
Luego, en enero, con mucha voluntad y esmero, trabajaba para dejar una buena cantidad de pasto y varios recipientes con agua para los camellos,  ponía sus zapatos junto al árbol e intentaba no dormirse para verlos llegar…
Por suerte para sus “padres-magos”, que alimentaban esas fantasías, en algún momento caía rendido entonces podían poner los regalos y hacer desparecer la cena de los camellos.
Claro que también existía el ratón Perez, que se llevaba los dientes para hacer collares para su novia, a cambio de algunas monedas. 
Y los duendes que chiflaban como el viento anunciando, a la hora de ir a dormir, que el día siguiente sería más divertido aún que el que estaba finalizando. O el duende “junta cosas”,  que guardaba en un carrito todos los objetos perdidos y fuera de lugar. ¡Ni hablar que cada hongo, aún los de la humedad de las paredes del galpón, eran casitas de hadas y duendes!
En fin, que Julián era un niño como todos, pero si en algo se diferenciaba era justamente por lo ilimitado de su fantasía.
Y miraba dibujitos animados… ¡adoraba a Speedy González! …tanto que contaba a sus compañeritos y maestra del Jardín de infantes, que él lo tenía en su casa, y a la noche, “cuando iba a dormir a su camita, colgaba el enorme sombrero en un percherito…”
Así las cosas, estrenando los 7 años, sus padres deciden pasar la noche buena en Varadero.
Necesitaron por lo tanto convencer a Juli de que tenía que pedir un regalo pequeño, pues en ese lugar al que iban de vacaciones, “hacía mucho calor y, al parecer, Papá Noel se cansaba mucho y por eso no podría llevar demasiado peso en su trineo”.
Julián escribió una cartita entonces pidiendo un disfraz de Tortuga Ninja…El papá y la mamá, suspiraron aliviados. Nada más fácil de transportar desapercibido dentro de las valijas.
Todo transcurría con tranquilidad, disfrutaban de la cena que ofrecía el hotel acorde a la celebración, Julián correteaba con otros niños turistas en un lugar habilitado para tal fin. Minutos antes del brindis Daniel, el papá, subió presto a la habitación para dejar el regalo junto al pequeño arbolito  que personal del hotel había puesto en la misma.
Luego del brindis, ante la insistencia del pequeño, subieron a ver si “ya había pasado” y la sorpresa fue que el niño al ver su regalo, aún antes de abrirlo, se asomó al balcón del cuarto y mirando hacia la fina y blanca arena de la playa exclamó en un tono diferente al que hasta entonces había registrado: - ¡No pudo ser Papá Noel! ¿Cómo va a llegar con su Trineo sin dejar huellas en la arena?-