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viernes, 11 de junio de 2021

El alma de Alma

  Tampoco me importa el mío
Junio 2021. ¿Pasó ya medio año? ¡Medio año ya ha pasado! 
¡No me lo puedo creer!
¿Qué está pasando en mi vida?
¿Es que acaso lo he soñado?
Eso de que apareció el bicho en marzo del 2020, eso que generó confusión y caos en el mundo entero y en cada persona en particular, eso de que se llevó puesta a tanta humanidad, esta pandemia que nos ha arrasado y a quienes sobrevivimos nos volvió resilientes...
¿Quién no perdió un ser amado, una persona conocida, o el vecino de al lado?
¿Quién no siente que su vida lleva un año y tres meses en pausa? 
Un año y tres meses que parecen un siglo, un año y tres meses que nos faltan los abrazos, los brindis, las charlas cara a cara y sin mascarilla, los encuentros animados y divertidos en las filas que se hacen esperando entrar a una sala de teatro o al cine, el trago o cena luego de la función para conversar animadamente de lo que hemos visto...
Me hacen falta los aeropuertos y los aviones listos para llevarnos hacia nuevas vivencias o, tal vez, hacia algún familiar, hacia alguna amistad que nos espera en otro punto del planeta...
Y, como ya he dicho en otras oportunidades, esta es mi realidad, de mi entorno, de una inmensa parte de la población mundial pero no de la totalidad.
Los hay en mejor situación, son minoría y no tiene sentido siquiera recordarlos,  pero hay, en otra inmensa cantidad,  personas que están en una situación límite. 
En situación de calle, sin trabajo, sin  posibilidades de "changuear"....
Hay países en guerra, refugiados, países que no tuvieron acceso aun a ni una sola vacuna, mientras están los otros, los que acumulan....
¡Uf! Extraña editorial hoy, no estaba prevista. 
Sólo quería hablar de la velocidad con que está pasando este 2021 y sin quererlo ni pensarlo mis dedos endemoniados teclearon todo lo que acaban de leer. 
No. No voy a repasarlo, no voy a cambiar ni coma ni punto ni nada. Lo dicho dicho está. 
Leo lo que quedó y me da la sensación de que se cortó la crónica abruptamente y siento que sí, que es así pero tal vez tenga su razón de ser...
¡Hay tanto para decir que jamás acabaría! 
Cada quien que pase por aquí, cada quien que habita este planeta tiene su propia y particular visión de lo acontecido durante este tiempo de pandemia y por eso puede haber tantas visiones como habitantes somos en el mundo.
Y la realidad es también que esto aun no acabó, que vamos mejorando, que en general las pandemias que nos preceden han durado alrededor de dos años, o sea ya falta menos pero aun no tiene punto final, que cada vez somos más quienes accedemos a la vacuna, es decir, me parece que son buenos indicios para soñar con un mañana de abrazos, besos, viajes, trabajo o lo que cada quien hoy esté necesitando.
¡Vamos a por esos sueños entonces mientras nos seguimos cuidando!

No quiero irme sin dejarles un corte -7 minutos- de un programa de TV donde se puede encontrar una trinchera para el humor, donde uno puede enterarse de la realidad política desde un sano lugar de ironía gracias, entre otros, al querido Pablo Picotto.
Entiendo que no es la única parte del mundo en que aparecieron los contreras con más fuerza que nunca así que, tal vez, aunque no vivan en Argentina, puedan comprender cabalmente de qué se trata. 
Y quienes viven en estos pagos argentinos ¡espero que se rían con ganas! ... Más allá del odioso trasfondo que nos vuelve a la realidad.
Quiero agregar que todo lo dicho es absolutamente real. En verdad acusaron al presidente de envenenarnos, en verdad dijeron que había pedido coima a Pfizer...
En fin, locura total y odio agazapado para salir a profundizar la grieta aun en un momento tan jodido como éste. Incomprensible, tanto de quienes lo plantean como de quienes le creen y repiten como loros.
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
 Lu
Música en tiempos de covid-19
NOTA: Hace tiempo que encontré este video y quería compartirlo porque me provoca mucha ternura, mucho gusto y mucho amor eso de los hijos cantando con el papá. Ojalá les guste el tema y las voces de los 4
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº 401 de la suelta de mis letritas)
NOTA: Quiero contarles que el relato que hoy comparto surgió de una manera muy bizarra. Descubrí hace apenas unos días, por circunstancias que no vienen al caso, que el alias de mi cuenta bancaria era BALCON.ZONA.ALMA y me pregunté como surgen esos alias tan colgados toda vez que me parecieron tres palabras que se prestaban para improvisar, a partir de ellas, un cuento breve. He aquí el resultado de mi "ejercicio de taller"
El alma de Alma
En la zona oscura del balcón, allí estaba Alma.
Alma con su alma a oscuras, con su soledad ancestral, con su mirada triste…
Pasó una pandemia que arrasó con su vida, que se llevó amigas, chamanas y amores…
Pasó una pandemia Alma…y la pandemia desnudó su alma.
Pasó una pandemia pero a pesar de todo –por suerte- el mundo siguió andando y Alma andando en él.
Pero…
no sonreía Alma, no salía de la zona oscura de su balcón…
En tanto
Beni su nuevo vecino, su vecino pospandemia, la observaba sin que Alma lo supiera tan ensimismada en la tristeza de su alma.
Entonces
Beni desde la zona luminosa de su balcón esa mañana soleada se atrevió a nombrarla, se atrevió a llamarla interrumpiendo los pensamientos profundos, la tristeza del alma de Alma.
Luego
Pasaron los días y Alma -que ya no se sentía tan sola con su alma- cambió la zona oscura de su balcón por la zona luminosa que estaba pegadita a la zona luminosa del balcón de Beni.
Fue una mañanita de esas que, atraída por los chismes del barrio, acerté a pasar por allí y al levantar la vista, ¡también yo lo vi!
Eran dos balcones convertidos en uno que irradiaban tanta luz, tanta claridad que para poder mirar se necesitaban anteojos de sol.
Hay quienes dicen que era la luz que se escapaba del Alma de alma cuando Beni la abrazaba.