Tampoco me importa el mío
Estoy un tanto complicada con los tiempos y con este editorial .
Sucede que no sé si debo relatar en tiempo pasado o presente, entonces creo que lo mejor que puedo hacer es adjuntar la invitación que recibí sobre finales de enero y partir desde allí para que entiendan los aconteceres.
Entusiasmada
con la propuesta, invité a mi amiga Carmen Troncoso, poeta chilena, a participar
de ella.
Carmen,
que tenía previsto venir a visitarme y conocer Ushuaia en febrero, decidió postergar el viaje para, como quien dice,
"matar dos pájaros de un tiro"
Así
las cosas hasta anoche (miércoles 11/03) que me llamó el organizador del evento
para decirme que... ¡No sucederá nada de lo planificado!
¡Maldito
coronavirus!
La
Municipalidad de Ushuaia suspendió por 30 días actividades, actos públicos,
escuelas deportivas, talleres, entre otros.
Esto
en consonancia a las medidas adoptadas
por el Gobierno nacional y provincial para prevenir el coronavirus.
Ya
"reflexionaré en letras" en próximas entradas sobre estas medidas
tomadas en mi ciudad que, como todos saben, es un sitio escogido por turistas de todo el mundo.
Un
sitio al que llegan cruceros gigantes, y de todo porte, los vuelos arriban
completos día tras día y cada uno de ellos (hay al menos 6 por día)
Pero
volviendo
al tema de las jornadas, hemos decidido que nos juntaremos los escritores y
escritoras de todas maneras en la casa de Marcelo, organizador, a comer asado,
hablar de bueyes perdidos, contar nuestros cuentos y /o poemas y disfrutar con
colegas de letras pese a las malas nuevas.
Lo
lamentable es que no podremos asistir a las escuelas a narrar a miles de niños
y niñas pasando un momento divertido junto a ellos, ni asistir a los talleres
programados que son de lujo.
De todas maneras disfrutaré de la presencia de mi amiga y saldremos a recorrer los bosques y bellos lugares de mi querida tierra.
A propósito de su visita, estaré ausente de esta casa de letras el próximo viernes.
Me voy ahora a comunicarme con Carmen ya que, hasta el momento, no pude ponerla al tanto de estas novedades.
En la próxima edición les contaré como resultó el "mini" encuentro y la visita de mi amiga.
Por cierto contaré, oportunamente, de que se trata "Rulo educa". O, mejor aun, si a alguien le interesa husmear puede hacerlo aquí:
Gracias por pasar por aquí. Ya saben, pueden dejar su huella si les parece.
Frases: 3 de María Elena Walsh
Aprendí que una nuez es arrugada y viejita, pero que puede ofrecer
mucha, mucha, mucha miel.
Me gustaría que me recordaran como alguien que
quería dar alegría a los demás, aunque no le saliera siempre.
El que vive para nadie, sabés dónde
va a parar: a torres de arena y humo y a su propio funeral.
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...¡así que leé la
entrega Nº 348 de la suelta de mis letritas!)
NOTA: Y...como no podré contar en alguna de las escuelas...¡lo cuento acá! (También es un texto de mis archivos. Sigo sin nuevas producciones)
Mi abuelita es biónica
Hace muchos, muchos años, cuando yo era más o menos así de alta, como
ustedes, a mi abuelita le decían “La abuela biónica” y por ese entonces, yo no entendía muy bien
porqué.
Recuerdo que cuando se lo preguntaba a mi mami, me decía sonriendo: “es
una broma que le hacemos, pero no es nada, sólo chiste”...
Así las cosas, imaginaba yo mil y unas historias, que siempre concluían
en lo mismo: Mi abue era una súper mujer maravilla, ¡Una heroína!
Y por eso nomás, yo estaba feliz y orgullosa de ser su nieta.
Y un día, no me aguanté más mi secreto y decidí contárselo a todos mis
compañeros y compañeras de 2º grado. Entonces, muy seria y emocionada, tal cual
la circunstancia lo ameritaba, los reuní en un recreo y les dije que estaba a
punto de revelarles un gran secreto. No sé qué pensó mi divertida cabecita de
niña, pero sí sé que ante la mirada sorprendida de mis amigos, me sentí el
centro del universo.
Me agrandé entonces contando una historia en la que no
faltaron detalles románticos y de mil colores, pero lo cierto es que dejó a mis
oyentes con la boca así de grande abierta al enterarse de que yo, la cuatro
ojos, tenía una... ¡ABUELA BIÓNICA! que con solo extender su mano podía detener
un tren.
De cualquier manera y como siempre pasa, con los niños y niñas de más o
menos 8 años, se formaron dos bandos.
Uno, los que me creyeron a pie juntillas
y 2, los que no creyeron ni un poquitín de mi historia. O sea, el bando de
“ojos muy abiertos de sorpresa y admiración”, y el bando de “lo muertos de risas
y carcajadas burlonas”
Así las cosas, yo iba feliz y contenta a la escuela, hasta que un día de
acto escolar (los que por alguna razón hasta hoy los detesto), al que fueron mi
mamá con mi abuela para verme bailar un candombe de la patria, vestida de negrita
se armó un terrible zafarrancho. .
Antes de que pudiera siquiera empezar la celebración, esos chicos que
nunca faltan, los “muertos de risa y carcajadas burlonas”, hicieron un cordón
humano, se amontonaron, como veía amontonarse a mi hermano y sus amigos cuando jugaban
al rugby, y corrieron, con tal velocidad y fuerza a enfrentarla, que en menos
de un abrir y cerrar de ojos, mi pobre abue quedó desparramada en el piso.
¡El revuelo que se armó! Mi mamá pedía auxilio; la señorita corría
llamando a la directora; la directora corría intentando atrapar a “esos
salvajes” (según escuché que decía); “esos salvajes” corrían por entre la gente
que estaba llegando para compartir el acto, tratando de no ser atrapados por la
directora, con caritas de mucho susto, los cachetes colorados y soltando frases
más o menos así:
-Te dije que no era biónica.
-No, yo lo dije primero.
-Mi papá me va a matar.
¿Y mi abuela? Logró incorporarse un poco, de modo tal que quedó sentada
en el piso, desde donde observaba divertida la escena y esperaba que se
calmaran los ánimos, para pedir que alguien la ayude a pararse, mientras
decía:” ya, ya, si no me lastimé, está bien, tranquilícense, que no pasa nada.
Fue solo un susto, pero está bien. Siento que la prótesis de mi cadera sigue
intacta y en su justo lugar. Sigue allí, tan bien ubicada, que esta noche
cuando me acompañen al aeropuerto, van a oírla sonar en el mismísimo instante
en que pase por los controles de seguridad...”
¡Y entonces me di cuenta de porqué le decían Mujer biónica. Es que en
esa operación que le habían hecho, cuando se rompió unos huesos al caerse en el
hielo, le habían puesto unos “clavos” para unírselos de nuevo. Esos clavos eran
los que al pasar por los controles de seguridad activaban las alarmas y por
eso, en broma, le decían mujer biónica.
Bueno, no sería una heroína, ni una mujer maravilla, ¡pero siempre fue
la mejor abuela cuenta cuentos del mundo!


