El interior estaba descuidado. Los pasillos, oscuros. Ausencia de lámparas, paredes descascaradas, color verde botella. Todos los rincones olían a fritura. Papeles tirados por doquier y vidrios rotos completaban el decorado interior.
Típico edificio de algún plan de viviendas, abandonado a su suerte al igual que sus habitantes.
Subió por la escalera en penumbras, olor rancio en los rincones, accedió a un botón rojo que, supuso, encendería alguna luz. Al pulsarlo, junto con la tenue iluminación, descubrió esa enorme cucaracha que subía desde el zócalo justo en dirección a su mano. Comenzó a transpirar. Se aceleraron sus pulsaciones…
Gritos y ruidos provenientes de algún departamento. Voz de mujer implorando que no la golpeen más… Niños llorando.
Se apagó nuevamente la luz que ya no intentó encender...aceleró el paso y cuando quiso tocar el timbre en la puerta que tenía una inmensa letra H, pensó que tal vez era alusiva a la H de horror, horrendo, horroroso.
Comenzó a sonar una alarma, y sólo cuando logró apagar su despertador se dio cuenta, con alivio, de que todo había sido un mal sueño.
Se duchó, vistió y desayunó en menos de 20 minutos.
Estaba estrenando su título de Trabajadora Social, y su misión era hacer una visita a la casa de Huguito.
Asoció la H del nombre del niño, a la H en la puerta del departamento de su sueño…
Se dirigió hacia la dirección que había apuntado en su agenda.
Llegó a ese edificio de departamentos con paso firme.
Decidida, apretó un timbre del portero eléctrico, intercambió un par de palabras, sonó la chicharra, empujó la puerta y entró.
El interior estaba descuidado. Los pasillos oscuros. Ausencia de lámparas, paredes descascaradas, color verde botella. Todos los rincones olían a fritura. Papeles tirados por doquier y vidrios rotos completaban el decorado interior…











