Tampoco me importa el mío
Semana movidita y variopinta ha sido esta.
Mi hermano ya se ha ido de mi casa, hace apenas dos días, y poco a poco voy volviendo a mi cotidiano. ¡Falta me hacía!
Hemos tenido unos días de muchísimo calor, inusual para Ushuaia, mientras en el centro y norte del país las gente tuvo que volver a ponerse abrigos.
Imposible, hasta para el más necio, negar el cambio climático.
Imposible, hasta para el más necio, negar el cambio climático.
Mi PC, otra vez, con problemas. No hay manera de que el micrófono funcione y a pesar de que ido al servicio técnico, aún no está resuelto.
Han venido a podar un gran árbol de mi jardín y aún no han terminado, lo que implica estar atenta y presente cada vez que vienen los podadores.
Aún sigo con algunos turnos médicos, entre otras cosas.
Con tanto ajetreo, podrán imaginarse que no he tenido tiempo de pensar y organizar esta entrada.
Entonces...
espero que no estén cansados de ver imágenes de Ushuaia porque, en días tan soleados y bellos, he salido a caminar y voy a compartir las fotos que he tomado.
¡Ojalá aprecien la manera en que cambia el paisaje con el brillo del sol !
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver
Esa Musiquita en el recuerdo
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloguera”, para publicarme...entrega Nº652 de la suelta de mis letritas)
NOTA: Revisando mi archivo de cuentos, encontré éste que no lo recordaba.
De hecho lo escribí hace más de 13 años y al releerlo, me gustó. Creo que es un relato "tragicómico" y decidí compartirlo.
Mala racha dominguera
Otro domingo en el cual la soledad me abrumaba, el silencio circundante lastimaba mis oídos, ni una llamada telefónica…La nada, más allá de la nada
Y mis ganas de hablar…
Escarcha, frío, silencio más fuerte que el silencio mismo.
Nadie en la cuadra para saludar, ni siquiera los gatos de siempre rondando, o algún perro para decirle “hola”.
Así las cosas, decido ir al quiosco, al menos allí voy a poder intercambiar unas palabras con alguien. La kiosquera por lo menos va a estar. Es una suerte para mí en este maldito domingo, saber que voy a caminar tres cuadras y podré conectarme con otro ser humano.
Tengo unos pesos en el bolsillo de la campera. Me acomodo el gorro, los guantes y empiezo a andar enterrándome en la nieve hasta más arriba de los tobillos.
La calle, imposible para transitar, las veredas de algunas casas… ¡peor!
Voy jugando con mis pasos, para no desanimarme.
Al fin, entro al quiosco y como para empezar, saludo sonriente.
-Buenas! ¡Se viene otra nevadita nomás!
-Mmmsi. ¿Qué anda buscando?
- No sé...ha sí…dame unos Phillips Morris
-¿Box?
-No comunes nomás, que los box son más…
…
-¡Che vieja no te muevas! Tengo el caño en tu espalda! ¡Y vos rápido rápido dale toda la guita que tenés a mi amigo dale! y también unas birritas de tu quiosco de mierda y nos vamos!
Y quedate tranquila que si no esta vieja la liga! Dale la plata ahora antes de que tengas que cerrar por duelo…
-¡Ay muchacho! No me haga nada, mire, la verdad es que vine a comprar unos fasos, pero se los regalo si quieren. Total yo no fumo.
-¡Callate vieja! Cerrá el pico!
-¡Ay no muchacho! No me diga eso. Yo me quedo quieta y ustedes trabajen tranquilitos pero no me pidan que deje de hablar…por favor déjenme decirles algo…
- Te dije que cierres el orto vieja de mierda, ahora dame tu celular y si querés seguí hablando sola…
-¡Vamo boludo, vamo, ya tamos! ¡También me llevo los celulares de la quiosquera! Vamo quel furgón ta en marcha rajemos! ¡Quieta vieja o te quemo!
El asalto pasó en menos de cinco minutos, creo…
¡Una verdadera desgracia! La kiosquera no para de llorar, mientras llama a la policía. Dice que se llevaron los pesos de todo el día, que esta vez, había dejado el dinero en la caja porque pensaba cerrar temprano y hacer la recaudación en una sola vez…que nunca a esa hora tiene mucha plata…que el domingo de mierda para ella había sido bueno, que fue mucha gente a comprar facturas, y vino, y también yerba….
No para de llorar y hablar la mujer. Por supuesto, como corresponde, yo trato de calmarla, palabras para eso me sobran.
A mí, el celular no me importa. Total, nunca suena. Bueno, sí, algunas veces me llama mi hija. Pero que importa, que me llame al teléfono fijo cuando tenga ganas de saber como estoy y listo.
Ahora, no puedo seguir pensando en mí. Tengo que ayudar a esta pobre víctima de los pibes chorros.
Y me quedo nomás con ella, así ni bien llegue la policía, sigo hablando.
Soy una testigo importante. Voy a tener que declarar. Y no me importa nada. Es más, creo que estoy feliz.
¡Ya llega el patrullero! ¡Que suerte! ¡Voy a seguir conversando y viendo gente!
Al fin cambió mi racha dominguera…


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