Tampoco me importa el mío
Tengo la sensación de que se me perforó el cerebro y por allí se fueron mis pocas ideas.
No logro concentrarme, mucho menos escribir algo divertido, o que invite a la reflexión...
Estoy con algunos controles médicos -nada grave pero sí necesarios- con algunos desencuentros familiares -que no vienen a cuento pero es lo qué más me desconcentra y me entristece- participando de algunas asambleas, intentando no ver noticias pero...¡siempre en algún momento del día necesito actualizar la info sobre lo que está sucediendo!.
Aún así, duermo muy bien y eso es importante. Eso sí...
¡Pa que les voy a contar lo que ando soñando!
Entonces, se me ocurrió compartir un vídeo que, al menos, le pone un toque de humor a los nada gratos aconteceres actuales en mi país.
¡Ojalá les agrade!
Espero, para la próxima, lograr una entrada amena e interesante como ustedes, que pasan siempre a visitarme, se lo merecen.
Ahh! y no sé qué pasó con el corrector de google...¡Así que me estoy esforzando para no meter mal los dedos en el teclado!
Y en esto de que he perdido mis neuronas, no me doy cuenta cómo volver a instalarlo...
Por suerte...¡siempre que llovió...paró!
Gracias por pasar. Hasta el viernes que viene, o hasta cuando gusten volver.
Esa Musiquita en el recuerdo
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº508 de la suelta de mis letritas)
Espejando la vida
Espiaba la vida. La dejaba pasar, la miraba desde la veredita de enfrente.
No se atrevía a poner las manos en el plato, a saltar la valla o a comprarse un buen espejo, que le devolviera su imagen sin distorsiones.
Desde niñita le habían dicho “eso no” “está mal” “no es así" "vos no podés" y ella se lo creyó tanto que decidió refugiarse en su "inutilidad" para justificar su inercia.
Pero el día que salvó a ese cachorro de morir aplastado por las ruedas de un vehículo, ese día en que puso a riesgo su vida para salvarlo de una muerte segura, ese día en que un grupo de 5 pares de manitas sucias la aplaudían y la abrazaban por haber salvado a Totó, se sintió una heroína, una gran mujer.
Desde entonces, es la mujer más querida del barrio, los niños pasan siempre a saludarla, les dejan sus mascotas al cuidado cuando se van de vacaciones y aún cuando parten divertidos hacia la escuela.
Y ella, feliz, saluda a los vecinos a través de la enorme y luminosa ventana de lo que fuera su sala de estar y que, luego de aquel suceso, pasó a ser "guardería de animales pequeños".
Sonríe, se saluda y no se sorprende al ver que el gran espejo, que al fin se atrevió a comprar y colocó en el local, le guiña un ojo.