Tampoco me importa el mío
Tal lo dicho en la edición anterior, hoy voy a compartir la noticia que encontré sobre esos recolectores de residuos de Ankara. Es una noticia maravillosa en verdad. A mi me ha emocionado y me encantaría que se replique en el mundo.
Tiene ya algunos años, pero en lo que a mi concierne, la he encontrado buscando "noticias buenas" la semana pasada.
Al respecto copio y pego párrafos de https://medioambienteenaccion.com.ar/
"Serhat es un joven de 32 años que siempre quiso tener una biblioteca. Al observar la gran cantidad de libros que eran olvidados en la basura, tanto él, como sus compañeros, decidieron darles un mejor lugar a estas herramientas del conocimiento seglar".
"La idea de recolectar libros y revistas se convirtió en una tarea que, durante meses, mantuvo a los trabajadores del cuerpo doblemente ocupados: no solo hacían su trabajo, sino que, además, almacenaban y clasificaban los libros que encontraban en sus rutas".
"En una antigua fábrica de ladrillos ubicada en el barrio de Csankaya, y que llevaba dos décadas sin ser utilizada, la municipalidad destinó ese espacio para la biblioteca. Fue tal la aceptación de la misma, que hoy en día está abierta para la comunidad, tanto para albergar visitas como para recibir libros, revistas o catálogos donados".
"Actualmente existen más de 6000 libros catalogados y existen secciones para los niños, investigación científica y libros en otros idiomas."
Imagen tomada también de Medio Ambiente en Acción.
En YouTube hay un vídeo y, tal lo que puede verse, este maravilloso grupo humano planea ir por más.
Por si quieren ver más imágenes o leer la nota completa les dejo el enlace:
https://medioambienteenaccion.com.ar/contenido/6253/recolectores-abren-una-biblioteca-con-libros-que-fueron-arrojados-en-la-basura
Y, por si acaso quieren ver el vídeo, también el de YouTube
https://www.youtube.com/watch?v=Nevb4wnriIQ
Quiero decirles que tengo más noticias muy lindas y conmovedoras así que, espero les agrade la idea, en la próxima edición compartiré al menos los titulares de algunas de ellas.
Gracias por pasar. Hasta el viernes próximo, o hasta cuando gusten volver.
Por cierto...
¡¡Feliz septiembre!!
Mes en el que comienzan las dos mejores estaciones del año. A saber: por aquí primavera por por allá otoño.
Esa Musiquita en el recuerdo
Acá no zafás:
(por eso me hice “bloggera”, para publicarme...entrega Nº493 de la suelta de mis letritas)
NOTA: Buscando en mi archivo di con este texto que no recordaba. Lo escribí cuando regresé de Italia en 2015
Instantes
Viajar en la Circumvesuviana es toda una aventura.
Aliento contra aliento, piojos saltando de una cabecita local a una rubia turista londinense, mochilas golpeando las caras de quienes tuvieron ¿la suerte? de viajar sentados, olor a tiempo suplementario seguido de definición por penales, riesgo de quedarte solo con lo puesto y una mochila vaciada entre el tumulto y el traqueteo del tren.
Así las cosas justo en hora pico, recuerdo, debí subir en Nápoles para viajar hasta Sorrento.
Virgen yo de esa experiencia empecé a preocuparme cuando el aluvión de gentes me metió, sin que yo estuviera segura de querer hacerlo, adentro de un vagón sucio, sin aire y con una turba humana.
De hecho, en ese trance, perdí a mi amiga con la que viajaba.
Quedé aplastada en medio de la mochila que cargaba en la espalda y la que llevaba sobre el pecho.
Me costaba respirar, no tenía de donde asirme, así que cada tanto y sin querer manoteaba alguna espalda, brazo, rodilla o vaya uno a saber qué parte de la anatomía humana.
Nadie decía nada al respecto. Algunos soplaban, otros a pesar de todo reían y conversaban con sus amigos.
Empecé a intuir que esos dos muchachones que se miraban por sobre mis hombros, hacían gestos y hablaban en un idioma para mi inteligible, se estaban mofando de mi cara de sufrimiento.
Luego, en una de las tantas paradas del tren y en medio del reacomodamiento que se produce, alcancé a ver que uno de ellos estaba descalzo...
Me sentí absolutamente insignificante, presumida y egoísta. “Sufriendo” por viajar en ese imponderable tren, del cual bajaría al fin para ir a un departamento reluciente, cómodo, ducharme vestirme y calzarme a mi antojo.
Pocas estaciones antes de finalizar semejante viaje, sentí que el chico de los pies descalzos y su amigo, se apretujaban sobre mí, y me pareció sentir algún tirón en la mochila que cargaba sobre mis espaldas.
Se detuvo el tren, con alivio, vi como esos chicos bajaban y yo podía conseguir un lugar más cómodo, al menos con la posibilidad de sostenerme de un sucio y despintado travesaño.
Una estación más, fin del viaje, bajamos los pasajeros que aun quedábamos, estirando nuestras ropas, sosteniendo fuerte nuestras pertenencias y en el andén, finalmente, pude volver a reunirme con mi amiga.
-¡Que viaje demencial Lu!
No alcancé a responder, pues en ese instante estaba bajando la pesada mochila de mi espalda y divisé que habían abierto uno de los cierres.
-¡Ay no!, ¡creo que me robaron!
-Uh! Que cagada. Yo estuve todo el tiempo atenta, muchos carteristas aprovechan el tumulto. ¿Pero te falta algo?
Asombrada, comprobé entonces que mi billetera- a la vista- estaba intacta.
Ni cinco céntimos de euro me faltaban. La máquina de fotos, seguía allí, en el mismo lugar, la tablet también...
El espacio vacío correspondía a un par de zapatillas que había comprado dos días antes, en Roma, para poder caminar sin que me duelan los pies y pasear a gusto por la costa amalfitana.

