Tampoco me importa el mío
NOTA: Quiero decirles que lo que cuento en este relato, rescatado de mi archivo, son sucesos reales que acontecieron allá por 1958. Lo contaba siempre mi madre.
Cuenta mi mamá...
Cuando vos tenías un año allá en la casa de Puerto Deseado, donde ni muebles había, vivimos unos seis meses, justo en ese tiempo invernal en que las noches son tan largas y oscuras. No había luces en las calles, ni había vecinos próximos. De hecho, la luz del hall de la casa más cercana se veía apenas como un lejano farolito chino o una luz navideña... quiero decir, se veía apenas un brillo. Fue una de esas noches, cuando sentimos unos desesperados golpes en la puerta y tu papá fue a atender. Al abrirla no vio a nadie, pero en ese instante los golpes urgentes, fueron en la ventana. Es el viento, viejo -le dije yo-, pero la verdad es que no parecía sonido de viento. A la noche siguiente, pasó lo mismo, los golpes cada vez más fuertes, cesaron cuando apagamos las luces y fuimos a dormir. Fue entonces cuando a tu papá se le ocurrió que al día siguiente, llamaría al vecino de la casa más próxima, aquella de la lucecita, para que viniera a cenar con nosotros.
Y sucedió....En medio de la cena, golpearon una vez más la puerta.
Se levantaron juntos de la mesa, tu padre y el vecino aquel, y se dirigieron hacia la puerta uno y hacia la ventana, el otro. Al abrirlas al mismo momento, los desesperados, urgentes y fuertes golpes retumbaron en el techo...
Yo no creo nada de eso, pero el vecino nos dijo que eran los espíritus de los indios, molestos por la invasión de los hombres blancos que trabajaban sobre sus muertos, acota mi mamá....
Entoncessiento que yo sí lo creo, que no tengo dudas de que los dichos del vecino aquel hayan sido, y sean, ciertos…
Y me quedo pensando en eso pero, a mi madre, no se lo digo…